Las universidades en Panamá trabajan a plena marcha durante todo el año entregando al país nuevos profesionales en Derecho, Arquitectura, Administración de Empresas y muchas otras ramas. Sin embargo, tras el brindis de graduación, surge la gran interrogante: ¿Conseguirán trabajo de lo que estudiaron o pasarán a engrosar la fría estadística del desempleo?
El fenómeno es casi cíclico y frustrante. La respuesta estándar de las empresas es que el joven “no tiene experiencia”. Pero, ¿cómo van a tener experiencia si no se les brinda la primera oportunidad laboral? Esta contradicción crea una incertidumbre profunda en nuestra juventud y es una señal clara de que el sistema no está funcionando como debería.
Fábricas de diplomas vs. Necesidad real
No podemos seguir permitiendo que nuestras casas de estudio se conviertan en simples “fábricas de diplomas”. El resultado de esto es un mercado saturado de profesionales cuyos títulos terminan, lamentablemente, colgados en la pared de una casa mientras ellos se dedican a oficios ajenos a su formación.
En Panamá urge un mecanismo para identificar qué carreras necesita realmente el mercado laboral. Debemos mirar hacia los países del primer mundo, donde la educación se basa en desarrollar competencias para las áreas que tienen demanda real.
Propuestas para el cambio
Para romper este círculo vicioso, es vital:
Integración temprana: Crear programas de pasantías obligatorias y remuneradas en empresas que requieran estos perfiles.
Experiencia previa al título: Que el estudiante llegue al acto de graduación ya habiendo pisado el terreno laboral, para que la “falta de experiencia” deje de ser el muro que los detiene.
Alineación nacional: Vincular la oferta académica con los proyectos de desarrollo del país.
Panamá necesita más profesionales y menos cartones. Es hora de que el título universitario sea una llave al progreso y no solo un recuerdo decorativo.



