Se ha afirmado el sigo 21, como una era caracterizada por la variabilidad, la complejidad y la inseguridad organizacional. Las mutaciones tecnológicas aceleradas, las crisis económicas periódicas, los cambios sociopolíticos y las nuevas dinámicas laborales han redefinido intensamente la forma en que las organizaciones operan y, específicamente, cómo gestionan a su talento humano. En este escenario, la gestión del talento humano depone de ser un área puramente administrativa para cambiar a un eje estratégico primordial para la adaptabilidad, sostenibilidad y competitividad organizacional.
El recurso humano es clave en los bancos. PexelsLa incertidumbre organizacional ya no es una anomalía, sino una condición estructural del que venir actual. De cara a este contexto, las organizaciones están llamadas a modificar sus prácticas habituales de gestión de personas y a adoptar enfoques más flexibles, humanizados y encauzados al desarrollo sistémico del capital humano. No obstante, la incertidumbre organizacional se exhibe cuando las organizaciones emprenden dificultades para pronosticar escenarios, tomar decisiones con información inconclusa y responder de forma efectiva a cambios abruptos del entorno. Hechos como la automatización, la digitalización, la globalización, el trabajo remoto, y las dificultades sanitarias han acrecentado la impresión de inseguridad laboral y organizacional.
Es por ello que, el talento humano sufre retos constantes, como lo son: la actualización permanente de competencias, redefinición de roles, adaptación continua al cambio y presión por la productividad. Por tanto, la gestión del talento humano debe adjudicarse un papel activo en minimizar la ansiedad organizacional, trayendo consigo ambientes laborales saludables y de esta manera generar el fortalecimiento entre los empleados y la organización.
Habitualmente, la gestión del talento humano se concentró en el control, la revisión y normalización de procesos. Hoy por hoy, el nuevo paradigma apunta hacia la adaptabilidad, el aprendizaje continuo y la resiliencia. Las organizaciones de esta era requieren de empleados enfocados en aprender, desaprender y reaprender. En consecuencia, la gestión del talento humano debe anticipar el desarrollo de competencias colaterales como el pensamiento crítico, la inteligencia emocional, la creatividad y la capacidad de adaptación al cambio. En otras palabras, se requieren personas con potencial para ocupar variadas funciones y para dar respuestas a ambientes cambiantes.
En conclusión, la gestión del talento humano en el siglo XXI afronta retos de operar en un ambiente determinado por la inseguridad organizacional. Sin embargo, esta realidad también abre la oportunidad de convertir las organizaciones en espacios más humanos, flexibles y resilientes.
Las organizaciones que intuyan que su mayor fuerza habita en las personas, y a la vez, que gestionen el talento humano desde una visión estratégica, ética y adaptativa, estarán aptas para enfrentar los desafíos del presente y del futuro. En un mundo incierto, el talento humano no solo es un recurso: es el factor decisivo para la sostenibilidad y el éxito organizacional, en donde se resalta la innovación la cual va de la mano con el aprendizaje continuo y en la cual error sea comprendido como pilar fundamental del proceso de mejora y no como un fracaso.



