La semana pasada, me tocó ir a una entidad de salud pública. Llegué, y no conseguí estacionamiento el primer día. Sin problemas, sabía que eso sucedería. Había fila en los tres ascensores para el público. Subí por las escaleras. Al llegar al piso que iba, noté un letrero en uno de los elevadores que decía “Señores asegurados: Use los ascensores de atraz del edificio , ya que este ascensor tiene de desprenderse y trabá al llevar mucho peso” (sic). Este letrero me dejó en shock.
Al llegar al piso, pregunto por la persona de contacto y en la primera ventanilla, me dijeron “eso es allá atrás”, acompañado con unas muecas de disgusto por preguntar. Cuando llego a la ventanilla, la funcionaria está dormida y le hablo como siete veces hasta que me contesta. A lo mejor tuvo una mala noche, pensé. Todas estas cosas dejan mal a la entidad, cuando hay gente tratando de cambiarla.
Este ejemplo es la prueba de que hemos perdido o no hemos tenido funcionarios con vocación de servicio. Las personas que vamos a entidades de salud, no es por pasear, es por atención, visita o resolver problemas de salud personales y/o familiares. Debemos tener funcionarios prestos a ayudar a los que vamos allá. No son favor los que vamos a pedir, porque pagamos por ese servicio. Después les duele cuando la gente se queja.
Lo dejo ahí. Pasará mucho tiempo para que esto pueda mejorar.


