La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) quedó sumida en una crisis esta semana: Paolo Maldini y Leonardo presentaron su renuncia apenas diez días después de asumir como director técnico y asesor, tras la decisión del presidente Giovanni Malagò de vetar la llegada de Andrea Pirlo como seleccionador.
Maldini y Leonardo habían apostado a Pirlo como la pieza central de un plan a largo plazo para reconstruir la selección. Según el periodista Fabrizio Romano, ambos consideraban a Pirlo el único perfil válido para liderar el proyecto. Pero Malagò paralizó la contratación por los vínculos comerciales del exmediocampista con una empresa rusa de apuestas deportivas, relación que salió a la luz por su papel como embajador global vinculado a su paso por el United FC Dubai.
La decisión presidencial despertó presiones políticas y críticas internas. Sectores del entorno gubernamental y dirigentes tomaron en cuenta las sanciones internacionales contra Rusia y apuntaron a la incompatibilidad de que el rostro del equipo nacional mantuviera ese lazo comercial. El resultado fue que el presidente de la FIGC no autorizó la firma: se suspendieron reuniones previstas en Roma y quedó en el aire la rescisión del contrato de Pirlo con el Manchester United que habría permitido su llegada.
Lo que está pasando en Italia es insólito:
— Edgard González (@edgarddeportes) July 27, 2026
• Anuncian la llegada de Maldini y Leonardo como directores deportivos
• Eligen a Pirlo como nuevo DT
• El presidente rechaza su llegada por vínculos políticos
• Maldini y Leonardo renuncian 10 días después
Crisis 🇮🇹❌ pic.twitter.com/39bBR5WI3l
Ante ese panorama, Maldini y Leonardo optaron por irse. Fuentes citadas por la prensa señalaron que ambos descartaron otras alternativas —incluso ofrecieron el cargo a figuras como Pep Guardiola, quien rechazó por razones familiares— y que sin Pirlo el proyecto deportivo perdió sentido. La renuncia fue inmediata y dejó a la federación obligada a reorganizarse a contrarreloj.
Pirlo salió a defenderse en redes sociales: aseguró que siempre actuó dentro de la ley y rechazó que su vínculo comercial tenga una lectura política. “Mi amor por Italia no depende de una posición”, escribió, y expresó su “gran amargura” por el debate público. Pese al tono personal, la polémica ya había encendido la agenda: el martes 28 el Consejo Federal debía reunirse para buscar un nuevo seleccionador, y nombres como Roberto Mancini y Antonio Conte volvieron a aparecer como opciones.
El episodio obliga a la FIGC a tomar decisiones rápidas en medio de una crisis de imagen y de organización. Para colmo, Italia arrastra una herida deportiva: no juega un Mundial desde 2014 y necesita un plan serio y estable. Ahora, además del técnico, la federación debe recuperar confianza interna y externa, y convencer a la afición de que hay proyecto detrás de las declaraciones.
La salida de Maldini y Leonardo deja preguntas abiertas: quién liderará el proyecto, cómo se manejarán las presiones políticas y qué impacto tendrá este choque en la preparación del equipo. En el corto plazo, la FIGC deberá decidir si apuesta por una figura de consenso o si sigue una línea más arriesgada que podría generar nuevos choques. En cualquier caso, el terremoto italiano apenas comienza.



