Entrenadores de élite europeas claman por equilibrar la tecnología en el fútbol. El uso excesivo de celulares en vestuarios rompe la unión del grupo, con jugadores pegados a redes sociales antes, durante y después de los partidos, según reveló L’Équipe en entrevistas profundas.
Habib Beye (Marsella) admite que prohibirlos total es imposible: “La nueva generación está desconectada de las charlas”. Philippe Montanier (Saint-Étienne) lo ve como “problema de salud pública”: multaba en Lens y notaba adicción que afecta concentración, confirmado por neurólogos.
Jugadores veteranos lo confirman: llegan con auriculares, graban lives en victorias y chequean likes post-partido. Morgan Sanson (Niza) extraña la energía de hace 10 años, cuando había más diálogo. Hasta fisios lamentan: “Antes un masaje era confidencia; ahora miran el teléfono en silencio”.
Pero cracks como Didier Deschamps (Francia) y Carlo Ancelotti (Brasil) apuestan por flexibilidad. Deschamps: “No prohibo, doy libertad pero marco límites; los códigos cambiaron”. Ancelotti, rumbo al Mundial 2026: “No vetaré móviles, que gestionen; redes tóxicas sí, pero contacto familiar ayuda”.
La movida obliga a DTs a reinventarse: unos con reglas estrictas (teléfonos guardados en entrenos), otros con diálogos. En Panamá, donde el fútbol crece digital, este debate llega para reflexionar sobre grupo vs. pantallas.


