Gianni Infantino, jefe de la FIFA, quiere cambiar el fútbol para siempre: jugadores que se cubran la boca en discusiones en la cancha deben salir con roja directa. La idea nace del escándalo en Champions entre Benfica y Real Madrid, donde el argentino Gianluca Prestianni supuestamente insultó de racista a Vinicius Junior el 17 de febrero, tapándose con la camiseta para no dejar pruebas.
El caso que encendió la mecha
Vinicius denunció que le gritaron “mono” tras su gol, activando el protocolo anti-racismo. UEFA lo suspendió provisionalmente para la vuelta (que Benfica perdió), y podría caerle 10 partidos mínimo. Infantino, en Sky News, fue tajante: “Si tapas la boca y sale algo racista, expulsado al instante. Presunción de culpa: si no ocultas nada, ¿para qué te tapas?”.
Propone revisar castigos: menos partidos si hay arrepentimiento sincero, para educar en vez de solo punir. “Actúas mal por enojo, te disculpas y la sanción baja”, dice, pero insiste en pruebas rápidas más allá de videos.
Plan global de FIFA contra el odio
Infantino lanzó cinco ejes con las 211 federaciones:
Código Disciplinario duro: suspensiones y exclusiones ya a jugadores, DTs y clubes.
Gesto “No al racismo” obligatorio.
Árbitros paran o dan por perdido el partido si hay incidentes.
“Tarjeta roja al racismo” con ONU para juicios penales.
Educación masiva: talleres, biblioteca digital y panel de exjugadores diversos.
Benfica lo negó al inicio (“campaña sucia”), y Mourinho amenazó: “Si se prueba, Prestianni se va del club”. Todo apunta a reglas nuevas antes de abril, listas para el Mundial 2026.



