Roberto Baggio, Paolo Maldini, Johan Cruyff y otras figuras dejaron huella en el fútbol mundial con goles, liderazgo y trofeos individuales. Pero por lesiones, decisiones técnicas o derrotas dolorosas, nunca pudieron celebrar lo que para muchos es la cima: ganar la Copa del Mundo.
Roberto Baggio quedó marcado por aquel penal fallado en la final de Estados Unidos 1994 ante Brasil, pese a una carrera repleta de goles y actos brillantes con la selección italiana y sus clubes. Paolo Maldini, símbolo de la defensa italiana y del AC Milan, jugó cuatro Mundiales pero se retiró antes de que Italia levantara la Copa en 2006.

Michel Platini gobernó el mediocampo francés y ganó tres Balones de Oro, pero nunca disputó una final mundial; en 1982 y 1986 su Francia se despidió en semifinales. Johan Cruyff llevó al “fútbol total” de Holanda hasta la final de 1974 y revolucionó el juego, pero la derrota ante Alemania dejó su palmarés sin el título más grande; además decidió no jugar en Argentina 1978.

Alfredo Di Stéfano es una de las grandes paradojas: convocado por Argentina y España, nunca disputó un minuto en un Mundial. Argentina no jugó algunas ediciones en sus años jóvenes, España no se clasificó en otras, y una lesión le impidió jugar en 1962. Aun así, su legado en clubes y sus dos Balones de Oro son inapelables.
Ferenc Puskás y su Hungría del “Equipo de Oro” llegaron como favoritos a Suiza 1954, pero una lesión y el famoso “Milagro de Berna” dejaron a Puskás sin la gloria. Eusébio, la “Pantera Negra”, brilló en Inglaterra 1966 y llevó a Portugal al tercer puesto, su mejor actuación histórica, pero nunca llegó a coronarse campeón mundial.
Estas historias muestran que el valor de una carrera no se mide solo por un trofeo. Muchos de estos jugadores marcaron épocas, cambiaron estilos de juego y dejaron momentos para la memoria colectiva, aun cuando la Copa del Mundo quedó fuera de sus vitrinas.


