Este lunes 9 de febrero, equipos del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) volvieron a las zonas golpeadas por la súbita crecida del río Grande, en el sector del Caño de Natá. Junto a las oficinas de extensión agropecuaria de Natá y Penonomé, recorrieron el terreno para medir de cerca los daños y ver cómo evoluciona todo.
Lo que encontraron no fue bueno: varias hectáreas en la parte baja de la cuenca del río quedaron arrasadas por el agua. Los más afectados son los agricultores que siembran cebolla y cucurbitáceas, como calabazas y pepinos, que ahora están perdidas bajo el lodo. “Es un golpe duro para la familia, porque esta era nuestra principal entrada de dinero”, contó uno de los productores locales, mientras mostraba sus campos inundados.
El MIDA no se queda de brazos cruzados. Están en contacto directo con los damnificados, calculando las pérdidas exactas y dando consejos prácticos para recuperar los cultivos. Les hablan de cómo replantar rápido y de medidas para evitar que vuelva a pasar con las lluvias fuertes.
Los jefes y técnicos del MIDA, junto a otros grupos del agro, prometen seguir de cerca la situación. Quieren respaldar a estos productores en medio de los caprichos del clima, para que la comida del país no se vea tan afectada.



