La boda del embajador de Estados Unidos en Panamá, Kevin Marino Cabrera, dejó ver un lado distinto al protocolo diplomático y se convirtió en una celebración con marcado sabor panameño.
El enlace con Andrea Altamirano Duque se realizó el sábado 21 de marzo en la residencia del diplomático, ubicada en el sector de La Cresta, en la ciudad de Panamá.
La ceremonia se desarrolló en un ambiente íntimo, rodeada de familiares, amistades cercanas, empresarios y algunas figuras del ámbito público.
Pero si algo marcó la noche fue el toque musical. Los llamados “La triple S”, Samy y Sandra Sandoval, fueron los encargados de poner a bailar a los invitados, llevando el ambiente de la celebración a un nivel más festivo y cercano.
En medio de la celebración, la cantante típica Sandra Sandoval le dedicó a la novia el tema “La patrona soy yo”, provocando uno de los momentos más comentados de la velada.
La interpretación, cargada de energía y complicidad, encendió el ambiente y puso a los invitados a corear, sumando un toque aún más festivo a la íntima boda.
La propia Sandra Sandoval compartió en redes sociales imágenes del evento, mostrando momentos de alegría junto a los novios.
A estas publicaciones se sumaron reacciones como la del alcalde capitalino, Mayer Mizrachi, quien también dejó ver parte del ambiente a través de sus plataformas digitales.Antes de la boda, ya la unión había generado curiosidad.
De la pareja se conoce que ambos han estado casados previamente. Cabrera estuvo unido a una figura política en Estados Unidos, mientras que Altamirano proviene de una familia panameña vinculada a las carreras de caballos y la política.
En medio de ese interés, incluso surgieron interpretaciones fuera de lo convencional. La astróloga Lilia Korsi aseguró, tras una lectura de cartas, que la relación tendría un trasfondo especial, describiéndola como una conexión marcada por ciclos y consolidación.
Más allá de interpretaciones, lo cierto es que la ceremonia combinó discreción, tradición y cultura local, dejando imágenes de una boda que mezcló el mundo diplomático con el ritmo del típico panameño.


