El volumen 2 de Stranger Things 5 termina siendo, paradójicamente, la parte más floja y al mismo tiempo más emotiva de toda la temporada final.
En retrospectiva, gran parte de la duración de Volumen 2 no justifica el tiempo que pasamos con estos personajes: hay movimiento, pero poco peso real en la historia.
Eso no significa que no existan momentos valiosos.
Ver a la mamá de Mike enfrentándose a demogorgons, a Max regresando finalmente a la realidad o a Dustin abrazando a Steve en el Upside Down, confesando que no quiere perderlo, son escenas cargadas de una honestidad que la serie siempre ha sabido manejar.

Incluso la ruptura entre Jonathan y Nancy funciona si se mira de forma superficial, aunque su ejecución deja dudas cuando se analiza con más detenimiento.
Ahí aparece uno de los grandes problemas de esta temporada: la dirección de momentos clave. Hay intentos de tomar caminos más arriesgados, pero nunca se atreven del todo.
El guion protege constantemente a sus protagonistas y evita subir verdaderamente las apuestas, algo que muchos fanáticos esperaban para el cierre definitivo.
La batalla final, llamada a ser épica, se queda corta. Aunque la escala es enorme, la tensión no acompaña.

El uso evidente de pantalla verde, la paleta de colores y un entorno que pierde credibilidad restan impacto, algo extraño para una serie que antes lograba sumergir al espectador en el Upside Down sin sacarlo de la experiencia.
Sin embargo, la segunda mitad del episodio final es donde aparece la verdadera magia.
La graduación acompañada por “Landslide” de Fleetwood Mac convierte el cierre en una despedida agridulce sobre crecer, cambiar y dejar atrás una etapa.
Las conversaciones íntimas, las reflexiones y el salto temporal aportan una poesía sincera que conecta directamente con quienes han seguido la serie desde 2016.

El problema vuelve cuando se diluye el sacrificio de Once, dejando su destino abierto y restándole peso narrativo a un final que pudo haber sido más contundente.
Aun así, con todos sus errores, Stranger Things se despide de forma imperfecta pero emotiva, recordando por qué, pese a sus fallas, sigue siendo una de las series más enigmáticas de los últimos años.

