La película “Saloma” no nació solo como un documental.
Nació, según contó su director Miguel González, como una búsqueda íntima marcada por una ausencia: la fotografía de su abuela campesina que nunca apareció.
Esa falta, lejos de quedarse en una herida personal, terminó convirtiéndose en el corazón de una obra que hoy se presenta como una mirada profunda al campo panameño, a su gente y a una memoria que corre el riesgo de desvanecerse.
En entrevista exclusiva para Mi Diario, González explicó que lleva tiempo trabajando en este proyecto y que lo concibió como una especie de homenaje a los campesinos y campesinas de Panamá.

Sin embargo, aclaró que el punto de partida fue mucho más personal: el deseo de hallar una imagen de su abuela, una mujer trabajadora del campo, que nunca logró encontrar.
A partir de allí, logró hacer una oda al campo panameño.
Afirmó que la gente del campo sostiene una parte esencial de la identidad nacional.

Miguel González - Director de Cine
“Nuevas generaciones no se están dedicando del todo al campo, y es preocupante porque también hay menos personas que cosechen nuestra cultura.”
González habló de Saloma como una obra muy cercana a su propia historia.
Contó que es chitreano, que creció en el campo y que su abuela Carmen era ganadera.
Desde esa raíz, aseguró, siente que una parte de su alma también es campesina.
El director también profundizó en el papel que juega la memoria en su cine.
Explicó que, aunque hoy se consumen imágenes a toda velocidad y se producen videos y fotos a diario, muchas veces se pierde la conexión con el valor real de ese material.

En su caso, reconoció que casi no tiene imágenes de su niñez y adolescencia, y que esa ausencia lo golpea ahora en la adultez.
Por eso defendió la importancia de rescatar los archivos personales y familiares, porque allí también se construye un lenguaje social y una forma de entender quiénes somos.
En cuanto a sus influencias cinematográficas, mencionó una mezcla amplia. Citó a Yasuhiro Ozu por la sencillez y la poesía con la que trabajaba sus historias y su universo japonés.
También habló de Abbas Kiarostami y Alejandro González Iñárritu, dentro de una línea de cine internacional de autor que le interesa.
Al mismo tiempo, confesó su gusto por directores de género como Takashi Miike y Kiyoshi Kurosawa, a quienes valora por tocar asuntos universales y sociales desde otros ángulos.

González también compartió su emoción por la selección de Saloma en el IFF.
Dijo que recibir la noticia fue muy satisfactorio y resaltó la importancia que tiene ese evento en la región por su capacidad de conectar cineastas, medios y distribuidores.
Además, celebró que este año el festival tenga una fuerte presencia nacional, con siete producciones panameñas en programación.
Al final de la conversación, dejó un mensaje para quienes sueñan con hacer cine.

Sostuvo que filmar también es jugar, experimentar y abrirse a un universo de posibilidades, incluso sin grandes presupuestos.
Afirmó que Panamá está lleno de historias y que el reto está en creer en ellas y en encontrar una manera propia de contarlas desde lo local, sin depender siempre del modelo de Hollywood.
Saloma tendrá su estreno el sábado 11 de abril a las 12:30 p.m. en el Teatro Nacional y una segunda proyección el domingo 12 de abril, también a las 12:30 p.m., en la Ciudad de las Artes.


