La coronación de Fátima Bosch como Miss Universo 2025, celebrada en Tailandia, terminó convertida en un terremoto mediático que sigue sacudiendo al certamen más famoso del planeta. Lo que debía ser una gala de celebración acabó rodeado de denuncias, renuncias y un público molesto que no ocultó su inconformidad.
La primera chispa la encendió el pianista franco-libanés Omar Harfouch, quien anunció su renuncia como juez días antes de la final. Alegó que existía una “votación secreta” para elegir a las 30 clasificadas sin la evaluación del panel oficial de ocho jurados.
En declaraciones previas a la gala, dijo incluso que México ganaría porque el dueño actual de Miss Universo, Raúl Rocha, mantiene supuestos “negocios” con el padre de Fátima, Bernarno Bosch. No aportó pruebas, pero sí advirtió su intención de demandar a la organización por abuso de poder, corrupción y otras irregularidades.
La polémica escaló con su advertencia: horas después de la coronación, volvió a calificar a Bosch como “una Miss Universo de mentira”. Otros miembros del panel también se apartaron. El exfutbolista Claude Makélélé anunció que no asistiría a la final, mientras que el escultor Romero Britto nunca llegó a la gala sin explicación pública.

El malestar también se sintió fuerte en el recinto. Videos difundidos en TikTok mostraron abucheos dentro y fuera de la arena, donde asistentes reclamaban fraude y cuestionaban el resultado. La inconformidad se extendió a redes, especialmente entre seguidores que aseguraban que Miss Costa de Marfil o Miss Tailandia, quien quedó segunda, tuvieron mejor desempeño.

También, después del triunfo de la Miss, fue vista con Nawat Itsaragrisil, quién antes del concurso había hecho comentarios considerados irrespetuosos hacia la delegación mexicana.
La organización no respondió a las acusaciones y evitó permitir preguntas sobre el tema en la primera rueda de prensa de Bosch.



