Después de más de diez años sin aparecer en la gala, Gwyneth Paltrow regresó a los Premios Óscar y rápidamente se convirtió en una de las protagonistas inesperadas de la alfombra roja. La actriz estadounidense, ganadora de la estatuilla en 1999 por su papel en Shakespeare in Love, asistió a la 98ª edición de los premios celebrada en el Dolby Theatre de Los Ángeles como presentadora de uno de los galardones.
Para su regreso apostó por la alta costura de Giorgio Armani Privé, una firma asociada a la elegancia clásica de Hollywood. Paltrow lució un vestido de seda color marfil con silueta columna y escote palabra de honor, un diseño minimalista que destacaba por la pureza de sus líneas y una caída impecable.
La pieza incorporaba pronunciadas aberturas laterales cubiertas por tul transparente decorado con pequeños cristales, un recurso habitual en la alta costura para aportar ligereza y movimiento.


