“¿Comer en televisión?”. La sola idea le parecía insólita a Mirtha Legrand cuando el empresario Alejandro Romay, apodado “el zar de la televisión”, le propuso en 1968 conducir un programa de entrevistas alrededor de una mesa servida. Era una estrella consagrada del cine argentino y, como tantas divas de su tiempo, no estaba bien visto que una señora famosa comiera frente a las cámaras.
Pero aceptó el reto. El 3 de junio de 1968 debutó “Almorzando con las estrellas” en Canal 9. Poco después fue rebautizado como “Almorzando con Mirtha Legrand”.
Casi seis décadas más tarde, Legrand —nacida como Rosa María Juana Martínez Suárez en Villa Cañas, Santa Fe— continúa al frente de su mesa. El pasado lunes cumplió 99 años y lo celebró como más le gusta: trabajando. Condujo el fin de semana su actual programa, La noche de Mirtha, y el día de su aniversario lo dedicó a entrevistas. “Nunca imaginé llegar a esta edad… y llegar bien. Es un milagro”, confesó.
Frente a sus ojos han desfilado 35 presidentes —constitucionales y de facto—, seis golpes de Estado, nueve pontífices y 22 mundiales de fútbol. Conoció a Eva Perón, vio nacer y morir a Diego Maradona y fue testigo televisivo de hitos globales como la llegada del hombre a la Luna o la caída del Muro de Berlín.
Ocho presidentes de la democracia se sentaron a su mesa: Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Javier Milei.
Luces, sombras y rectificaciones
Como toda figura que atraviesa generaciones, Legrand también acumuló polémicas. En 2010 preguntó al diseñador Roberto Piazza si los hijos adoptados por parejas gais corrían riesgo de abuso; luego pidió disculpas. En 1995 incomodó a la vedette trans Cris Miró al cuestionar cómo debía llamarla, y años después buscó resarcirse invitando a la actriz que la interpretó en televisión.
Su programa fue censurado durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, pero en general sobrevivió a dictaduras, crisis económicas y cambios culturales. La fórmula —comida, mantel, invitados y preguntas incisivas— sigue intacta.
La fórmula de la longevidad
Antes de reinar en la televisión, fue una figura central de la edad dorada del cine argentino. Debutó a los 13 años en Hay que educar a Niní, junto a Niní Marshall, y al año siguiente se consagró con Los martes, orquídeas, dirigida por Francisco Mugica.
Cuando saltó a la pantalla chica en 1958, el medio apenas tenía siete años de vida en Argentina. Desde entonces, su carrera televisiva se extiende por casi siete décadas, una longevidad que la coloca entre las figuras más perdurables del mundo audiovisual. Le pisa los talones al naturalista británico David Attenborough, récord Guinness a la carrera más larga como presentador.
Sin título nobiliario, pero con una corona simbólica, es considerada desde hace años la “reina madre” de la televisión argentina.
La fórmula de la longevidad
“Señores, ya soy una leyenda. Y la leyenda continúa”, proclamó el sábado al aire. Y reveló algunos secretos de su vitalidad: fisioterapia dos veces por semana, poco alimento, nada de alcohol ni tabaco, siete u ocho horas de sueño con la radio encendida. Pero, según ella, la clave es otra: le gusta lo que hace.
No piensa retirarse. Viste alta costura a diario, usa tacones y asiste a estrenos y galas en Buenos Aires. Su frase resume su filosofía: “Como te ven, te tratan. Si te ven bien, te contratan”.
(Con información de www.elpais.com)


