La separación de Nicole Kidman y Keith Urban ha sacudido al mundo del espectáculo. Tras 19 años juntos, la actriz australiana y el cantante de country decidieron poner fin a su matrimonio, y lo que parecía una ruptura discreta rápidamente se convirtió en un escándalo global debido a una sorprendente revelación: la llamada “cláusula de sobriedad” incluida en su acuerdo prenupcial.
Según medios internacionales, el documento establecía que Urban recibiría 600 mil dólares por cada año de matrimonio en el que se mantuviera alejado de las drogas y el alcohol. Una condición que, de cumplirse, podría reportarle al intérprete de Somebody Like You alrededor de 11 millones de dólares, ya que desde 2006 —año en el que ingresó en rehabilitación, apenas meses después de casarse— no ha recaído en sus adicciones.
El propio Urban había contado en entrevistas con Oprah Winfrey y Rolling Stone cómo la intervención organizada por Kidman, con apoyo de familiares y amigos, fue decisiva para salvarlo en uno de los momentos más oscuros de su vida. “Ese fue el momento en el que realmente debería haberme dejado, pero eligió quedarse y luchar por mí”, confesó en 2010.
El cantante también recordó esa etapa en 2024, cuando rindió homenaje a la actriz durante la ceremonia en la que recibió el premio AFI a toda su carrera. “Cuatro meses después de casarnos, las adicciones hicieron explotar nuestro matrimonio en mil pedazos, pero Nic eligió el amor”, expresó entonces, arrancando lágrimas a Kidman.
De su unión nacieron dos hijas: Sunday Rose, en 2008, y Faith Margaret, en 2010. La familia se estableció en Nashville, donde construyeron una vida lejos de los reflectores. Sin embargo, los rumores de distanciamiento crecieron en los últimos meses, confirmándose ahora con la demanda de divorcio presentada por la protagonista de Babygirl.


