La NASA dio un paso decisivo en su ambicioso plan de volver a enviar astronautas a la órbita lunar, al trasladar el cohete Artemis II al complejo de lanzamientos del Centro Espacial Kennedy, en Florida. El movimiento, programado para el 1 de abril de 2026, marca un avance significativo dentro del programa Artemis, considerado el sucesor directo de las históricas misiones Apolo.
Este despliegue llega luego de años de planificación y meses de ajustes técnicos, en los que los ingenieros lograron resolver problemas críticos como fugas de hidrógeno y fallas en el sistema de helio del potente Space Launch System (SLS). Con este progreso, se reactiva la expectativa mundial por el regreso de una tripulación estadounidense a la órbita de la Luna, algo que no ocurre desde 1972.
Ahora comienza una fase clave antes del lanzamiento: las pruebas y ensayos integrales. Durante este periodo, equipos técnicos realizarán simulacros de cuenta regresiva, procedimientos de abastecimiento y revisiones exhaustivas de cada subsistema del cohete y la cápsula Orión. El objetivo es garantizar que todos los componentes funcionen con precisión antes de fijar la fecha definitiva del despegue.
La NASA ha enfatizado que cada ensayo busca detectar y corregir cualquier anomalía, priorizando la seguridad de la misión. Solo tras validar todos los sistemas se anunciará el día exacto del lanzamiento, aunque existen ventanas alternativas hasta mayo de 2026 en caso de contratiempos.
Artemis II será el primer vuelo tripulado que orbite la Luna en más de medio siglo. La misión, de aproximadamente 10 días, permitirá a los astronautas circunnavegar el satélite natural, recorriendo miles de kilómetros sobre su superficie sin aterrizar. Durante el trayecto, se evaluará el desempeño del SLS y de la cápsula Orión, así como los sistemas de soporte vital, navegación, comunicación y control manual.


