Es una oración con una estructura muy sencilla, y no hay católico que no se sepa de memoria su letra.
La oración del Ave María, cuyo texto actual fue adoptado oficialmente hace cinco siglos, se remonta a la época medieval y se popularizó principalmente porque, en aquellos tiempos de educación limitada y religiosidad basada en el latín, la gran mayoría de la gente no podía seguir las lecturas bíblicas.
Esta fascinante historia surge de la combinación de pasajes del Evangelio con una segunda parte que se originó como una manifestación de fe entre la gente común y corriente y que, alentada por figuras religiosas, terminó extendiéndose, especialmente en Europa, hasta que fue reconocida oficialmente por la jerarquía católica en un documento firmado por el papa Pío V (1504-1572) en 1568.
“El Ave María no nació de repente. Se fue formando progresivamente en el seno de la Iglesia”, explica a BBC News Brasil Rodrigo Natal, sacerdote y autor del libro “San Carlos Acutis: Un camino a la salvación”.
Según el investigador José Luís Lira, fundador de la Academia Brasileña de Hagiología y profesor de la Universidad Estatal Vale do Acaraú en Ceará, es “una de las fórmulas de devoción cristiana más extendidas”.
“Su desarrollo no se produjo de manera unitaria ni simultánea, sino a través de un proceso dentro de la liturgia y la piedad popular”, declaró a BBC Brasil.
“Podemos decir que el Ave María es un ejemplo de una tradición cristiana que tiene su origen en las Sagradas Escrituras, crece en la liturgia, madura en la teología y se consolida en la piedad popular”.
En la fórmula establecida, la oración tiene dos partes diferenciadas. “La primera es bíblica, tiene un origen definido. La segunda es eclesial [es decir, relacionada con la Iglesia]”, explica a BBC Brasil el teólogo Vinícius Paiva, especialista en Mariología y miembro del consejo directivo de la Academia Mariana de Aparecida, donde también es profesor.
La primera parte, recitada desde los primeros siglos, es una combinación de dos saludos a María, la madre de Jesús, según el texto del Evangelio de Lucas, probablemente escrito en la segunda mitad del siglo I de nuestra era.
La oración comienza con un pasaje del episodio conocido como la Anunciación, en el que el ángel Gabriel saluda a la joven: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”.
Luego, sigue otro saludo cuando, según el relato de Lucas, va a visitar a su prima Isabel, y Isabel le dice: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”.
“La primera mitad es completamente bíblica”, señala Natal. “Estos versículos [de la Biblia] se usaron en aclamaciones litúrgicas desde muy temprano, especialmente en las comunidades cristianas de Oriente”.
El rosario
La popularización del Ave María se desarrolló paralelamente a una práctica que se volvió fundamental para la piedad popular del catolicismo: el rezo del rosario. Si la idea era reemplazar, de una manera accesible para los analfabetos, la lectura de los 150 salmos, entonces comenzó la práctica de recitar repetidamente 150 Ave Marías.
Para evitar errores al contar, se creó un rosario. Sí, el rosario. Rosario porque originalmente constaba de tres partes de 50 Ave Marías, intercaladas con Padre Nuestros y otras oraciones, para formar el todo; desde 2002, por institución del entonces papa Juan Pablo II (1920-2005), el rosario consta de cuatro partes.
Tradicionalmente, la creación del rosario se atribuye a fray Domingo de Guzmán (1170-1221), fundador de la orden dominicana.




