Colombia irá a una segunda vuelta presidencial cargada de tensión política, acusaciones cruzadas y dos visiones de país que parecen no tener punto medio.
Con el 99% de las mesas escrutadas en el preconteo, el abogado ultraconservador Abelardo de la Espriella dio la sorpresa al quedar primero con el 43,7% de los votos. Detrás quedó Iván Cepeda, candidato de la izquierda oficialista y heredero político del presidente Gustavo Petro, con el 40,9%.
El resultado sacudió el tablero colombiano. De la Espriella, admirador de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, convirtió su campaña en un espectáculo de mano dura, frases filosas y promesas de romper con la política tradicional. Su discurso contra los grupos armados, el narcotráfico y el gobierno de Petro caló en millones de votantes.
Cepeda, en cambio, representa la continuidad del proyecto petrista: gasto social, diálogo con grupos armados y una mirada enfocada en los sectores más golpeados por la desigualdad.
Pero la noche electoral no terminó tranquila. Petro rechazó los datos preliminares y aseguró que solo reconocerá el escrutinio definitivo de los jueces. También denunció, sin presentar pruebas, una supuesta variación de última hora en el censo electoral de más de 800 mil personas. Cepeda pidió aclaraciones por presuntas “votaciones atípicas” en algunas mesas.
De la Espriella respondió con dureza y advirtió al presidente y a su candidato que no intenten desconocer los resultados.
La gran derrotada fue Paloma Valencia, candidata del uribismo, quien apenas alcanzó el 6,9%. Su bajo resultado evidencia el desgaste de Álvaro Uribe, aunque el expresidente ya pidió apoyar a De la Espriella en segunda vuelta. Sergio Fajardo, del centro, superó el 4%.
Ahora, los votos de Valencia, Fajardo y otros aspirantes menores serán claves para definir quién gobernará Colombia. La segunda vuelta, prevista para el 21 de junio, será mucho más que una elección: será un choque frontal entre continuidad y ruptura.


