El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, denunció haber sido víctima de un intento de envenenamiento, en medio de un tenso escenario político y social tras más de un mes de protestas. Según el propio mandatario, su equipo detectó tres sustancias químicas tóxicas en unos obsequios que recibió —productos de tamarindo, cacao y chocolate— durante un encuentro con agricultores la semana pasada.
“Es imposible que haya sido accidental”, declaró Noboa en entrevista con CNN.
La revelación coincidió con el anuncio del fin del paro nacional convocado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que mantuvo bloqueadas varias vías del país durante 31 días en rechazo a la eliminación del subsidio a los combustibles.
El presidente de la Conaie, Marlon Vargas, confirmó en un mensaje grabado que las movilizaciones serían suspendidas, aunque no lograron revertir las medidas del Gobierno ni concretar acuerdos en sus principales demandas. “El Gobierno ha demostrado que la violación de los derechos humanos no representa un límite para sus decisiones”, sentenció.
Ecuador entre la calma y la desconfianza
El levantamiento del paro llega tras enfrentamientos violentos, tres manifestantes muertos y cientos de heridos. Horas antes del anuncio, Noboa había advertido que todas las vías serían despejadas por la fuerza pública, tras la ruptura del diálogo con los dirigentes indígenas.
Aunque el conflicto puso a prueba la gobernabilidad del país, la imagen del presidente no se desplomó. Por el contrario, según la encuestadora CIEES, su popularidad aumentó cuatro puntos desde septiembre.
El analista político Pedro Donoso explicó que el impacto social fue menor de lo esperado: “El transporte público no sufrió aumentos en las tarifas, y eso desactivó gran parte del malestar ciudadano. El paro terminó pareciendo una protesta desconectada de la realidad cotidiana”.
En Quito y Guayaquil, las dos ciudades más importantes, la vida transcurrió casi con normalidad. Sin embargo, el intento de envenenamiento al mandatario y las heridas sociales que deja el conflicto mantienen a Ecuador en un clima de tensa calma, donde la estabilidad política sigue pendiendo de un hilo.



