Lo que alguna vez fue una historia digna de cuento de hadas hoy se recuerda como el inicio de una ruptura sin retorno. El príncipe Harry ha vuelto a poner sobre la mesa el inicio de la fractura con la familia real británica. Durante una visita inesperada en solitario a Nueva York, el duque de Sussex revivió públicamente uno de los episodios más delicados de su vida: su viaje a Sudáfrica con Meghan Markle y su hijo Archie, que entonces tenía apenas cinco meses.
Ese viaje, en 2019, marcó un antes y un después. En medio de una gira oficial, Harry y Meghan confesaron sentirse emocionalmente agobiados por la presión mediática y la falta de apoyo institucional. Fue precisamente esa honestidad, transmitida a través de un documental televisivo, la que expuso la grieta entre la joven pareja y el resto de los Windsor.
A su regreso al Reino Unido, comenzaron las conversaciones que más tarde derivarían en el polémico “Megxit”: la renuncia de los duques a sus deberes reales, su mudanza a América del Norte y el inicio de una nueva vida lejos del palacio.
Cinco años y medio después, el príncipe Harry ha retomado esa narrativa, asegurando que aquella etapa fue decisiva y profundamente dolorosa. “No estábamos preparados para el nivel de exposición, ni para la falta de comprensión”, habría dicho en un evento privado, según medios locales.
Desde entonces, la relación con la Casa Real ha ido cuesta abajo. Las apariciones públicas conjuntas se han vuelto prácticamente inexistentes y los desencuentros familiares han ocupado titulares en todo el mundo.



