La tensión entre Estados Unidos e Irán alcanzó un nuevo punto crítico este fin de semana, luego de una serie de ataques cruzados desencadenados por la agresión de la Guardia Revolucionaria iraní contra un buque mercante que navegaba por el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas para el comercio mundial de petróleo.
El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó que este domingo ejecutó ataques contra aproximadamente 140 objetivos militares en territorio iraní. Entre los blancos se encontraban plataformas de lanzamiento de misiles y drones, depósitos de municiones, equipos de comunicación y otras instalaciones militares que, según Washington, eran utilizadas para amenazar la navegación comercial en la región.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, afirmó en la red social X que “Irán tomó una mala decisión. Ahora lo pagan”, al justificar la ofensiva ordenada por el presidente Donald Trump.
La operación estadounidense fue presentada como una respuesta al ataque contra el portacontenedores M/V GFS Galaxy, de bandera chipriota, que transitaba por el estrecho de Ormuz. Según Centcom, la embarcación sufrió un incendio y graves daños en la sala de máquinas, mientras uno de sus tripulantes permanece desaparecido.
En represalia, la Guardia Revolucionaria iraní anunció el lanzamiento de misiles balísticos y drones contra varias instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente. Entre los objetivos figuró la base aérea Príncipe Hassan, en Jordania, donde Teherán aseguró haber destruido un centro de mando y hangares utilizados para drones MQ-9.
Irán también afirmó haber atacado la base aérea Al-Udeid, en Catar, considerada una de las principales instalaciones militares de Estados Unidos en la región. Además, reivindicó ataques contra un sistema antimisiles Patriot, un depósito de municiones y una estación de radar en Kuwait, así como ofensivas con drones contra sistemas de comunicación y radares militares estadounidenses en Baréin.



