La muerte de Ángel Nicolás López, un niño de apenas cuatro años, ha estremecido a Argentina y desatado una profunda indignación social. El menor falleció el pasado 6 de abril en Comodoro Rivadavia, tras permanecer en estado crítico como consecuencia de una brutal golpiza que, según la investigación judicial, se prolongó durante varios días.
Durante el velatorio, Lorena Andrade, su madre de crianza, expresó entre lágrimas: “El nene habló vivo y no lo escucharon; ahora tiene que hablar muerto”, una frase que resume el dolor y la impotencia que rodean el caso.
De acuerdo con fuentes judiciales citadas por el diario Clarín, la autopsia reveló que el niño presentaba 22 golpes internos en la cabeza, lesiones que no correspondían al día de su muerte y que evidencian un patrón de maltrato reiterado. Para los investigadores, el caso encaja en el denominado “síndrome del niño maltratado”, caracterizado por agresiones sistemáticas a lo largo del tiempo.
Por este crimen, la madre biológica del menor, Mariela Altamirano, y su padrastro, Maicol González, fueron imputados por homicidio. Este martes, un juez ordenó la prisión preventiva de ambos por seis meses mientras avanza la investigación.
Ángel ingresó al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en su vivienda. Aunque los médicos lograron reanimarlo, el menor permaneció en coma y finalmente falleció. La autopsia determinó que la causa de muerte fue una hipertensión endocraneana provocada por un edema cerebral difuso asociado a una hemorragia subaracnoidea.
Especialistas explicaron que las lesiones detectadas en el cuero cabelludo eran contusiones ocasionadas por golpes con objetos o impactos contundentes. Según la fiscalía, estas heridas fueron infligidas de manera voluntaria y no accidental.
La investigación también recoge testimonios que señalan que el padrastro habría sido el autor de las agresiones, mientras que la madre habría omitido actuar para proteger al niño. Además, testigos indicaron que se intentó ocultar la violencia obligándolo a usar una máscara para cubrir los golpes.



