El príncipe Guillermo de Gales ha despejado las dudas sobre su fe cristiana al revelar que, aunque no es un creyente devoto ni asiste regularmente a misa, mantiene su compromiso con la Iglesia de Inglaterra y la respaldará cuando asuma el trono.
Según publicó el dominical The Sunday Times, el heredero, de 43 años, expresó su postura a pocos días de la entronización de la nueva arzobispa de Canterbury, un evento clave para la comunidad anglicana. Su posición cobra relevancia, ya que en el futuro ocupará el cargo de gobernador supremo de la Iglesia, tal como lo hace actualmente su padre, el rey Carlos III.
Durante años, la relación del príncipe con la religión había generado interrogantes, especialmente en comparación con la práctica más activa de su padre y de la fallecida reina Isabel II. Sin embargo, una fuente cercana aseguró que Guillermo busca dejar clara su postura en este momento clave.
“Puede que no vaya a la iglesia todos los días, pero creo en ella, quiero apoyarla, y este es un aspecto importante de mi papel actual y futuro”, indicó la fuente, subrayando que el príncipe asume esta responsabilidad “a su manera”.
El príncipe asistirá junto a la princesa Catalina de Gales a la investidura de Sarah Mullally en la Catedral de Canterbury, en representación del monarca. Este acto marcará, según allegados, “un antes y un después” en la definición pública de su relación con la Iglesia.
Asesores cercanos destacan que, aunque su compromiso puede parecer discreto, es profundo y sincero. En un contexto donde las instituciones suelen verse desde una perspectiva social o cultural, Guillermo reconoce el papel espiritual de la Iglesia y su relevancia en la sociedad moderna.


