El fallecimiento del príncipe Felipe el 9 de abril de 2021 en el Castillo de Windsor dejó una de las imágenes más conmovedoras de la realeza moderna: la soledad de la reina Isabel II durante su funeral. Sin embargo, años después de su partida, nuevos detalles han salido a la luz y reescriben los últimos capítulos de su vida.
Según el biógrafo Hugo Vickers, el esposo de la reina ocultó durante ocho años un diagnóstico de cáncer de páncreas. La enfermedad fue detectada en 2013, tras una cirugía exploratoria en la que los médicos confirmaron que era inoperable. A pesar de ello, el duque continuó con su vida prácticamente sin mostrar señales públicas de su estado, manteniendo la discreción que lo caracterizaba.
Incluso su retiro en 2017, a los 96 años, adquiere ahora un nuevo significado. Aquella despedida bajo la lluvia en el Palacio de Buckingham, donde pasó revista a las tropas como capitán general, no solo marcaba el fin de su vida oficial, sino también el inicio de sus últimos años en silencio.
El libro también revela episodios poco conocidos, como el temor en 2019 por su salud en medio del turbulento proceso del Brexit, durante el gobierno de Boris Johnson. Según el relato, existieron incluso planes para posponer elecciones en caso de su fallecimiento.
Pero es su última noche la que más ha captado la atención. Fiel a su estilo, el príncipe habría evadido a las enfermeras en el Castillo de Windsor para caminar con un andador hasta uno de sus salones favoritos y beber una cerveza, su bebida predilecta durante toda su vida. Un gesto simple, pero profundamente simbólico.
A la mañana siguiente, se levantó, se bañó y, sin hacer ruido, falleció. “Se marchó sin despedirse”, relata Vickers, reforzando la imagen de un hombre independiente hasta el final.



