En sus últimos días de vida, Wolfgang Amadeus Mozart estaba convencido de que no moría por una simple enfermedad. Según relatos históricos, el genio austríaco aseguró que alguien le había dado Aqua Tofana, un veneno legendario que durante siglos alimentó el miedo, el misterio y las teorías más oscuras de Europa.
La llamada Aqua Tofana era descrita como una sustancia insípida, inodora y transparente. Su fama se debía a que podía ser administrada en pequeñas dosis, sin levantar sospechas, y supuestamente permitía calcular el momento de la muerte de la víctima. No dejaba rastros claros en el cuerpo, lo que la convirtió en el veneno ideal para los llamados “crímenes perfectos”.
La versión más conocida atribuye su creación a Giulia Tofana, una mujer italiana del siglo XVII que vendía cosméticos artesanales. Entre sus productos habría ocultado este mortal líquido bajo la apariencia del “Maná de San Nicolás de Bari”, un supuesto aceite curativo que podía encontrarse en muchos hogares de la época.
La leyenda cuenta que cientos de hombres murieron envenenados por sus esposas antes de que el secreto saliera a la luz. En un tiempo en que muchos matrimonios eran arreglados y las mujeres tenían pocas salidas ante relaciones violentas o impuestas, el veneno habría circulado como una peligrosa herramienta de escape.
Sin embargo, la historia está llena de sombras. Algunos relatos ubican a Tofana en Sicilia, otros en Nápoles, Palermo o Roma. Tampoco hay certeza sobre la receta, aunque muchas versiones mencionan el arsénico como ingrediente principal. Su final también es un misterio: unas fuentes dicen que murió naturalmente, otras que fue ejecutada tras ser capturada.



