Estados Unidos comenzó a capitalizar la reciente operación militar en Venezuela con un objetivo claro: el control y explotación de su industria petrolera. Apenas horas después de los bombardeos sobre Caracas, el presidente Donald Trump dejó claro el interés estratégico de Washington al anunciar que grandes petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para “reparar” la deteriorada infraestructura del crudo venezolano y reactivar la producción.
En una conferencia de prensa el sábado al mediodía, Trump afirmó que estas inversiones permitirán generar ingresos tanto para Venezuela como para Estados Unidos. Días después, el mensaje se volvió más concreto. A través de Truth Social, el mandatario anunció que las autoridades provisionales del país sudamericano entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo “de alta calidad” al mercado estadounidense.
Esa cantidad equivale aproximadamente a la producción de uno o dos meses de la industria petrolera venezolana, hoy limitada por años de sanciones y deterioro operativo. De acuerdo con cálculos citados por Bloomberg, y tomando como referencia los precios actuales del West Texas Intermediate, el volumen podría superar los 2.800 millones de dólares.
Durante años, Washington mantuvo sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro, lo que redujo drásticamente la capacidad exportadora del país. Venezuela produce actualmente cerca de un millón de barriles diarios, muy lejos de los niveles históricos de los años setenta, cuando aportaba cerca del 8% de la oferta mundial. La mayor parte de ese crudo se dirige a China mediante intermediarios para evadir restricciones, mientras que una porción menor llega a Estados Unidos a través de Chevron, presente en el país caribeño desde hace casi un siglo.
Trump aseguró que los ingresos de estas ventas serán supervisados directamente por su administración para garantizar su uso “en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos”. En paralelo, Chevron ya ha intensificado su presencia, enviando al menos once buques cisterna a puertos venezolanos controlados por el nuevo régimen.
El plan será ejecutado de inmediato por el secretario de Energía, Chris Wright, mientras la Casa Blanca prepara una reunión de alto nivel para definir una estrategia que incentive a empresas occidentales a invertir en el sector petrolero venezolano. En ese encuentro también participaría el secretario del Interior, Doug Burgum, entre otros asesores energéticos.



