La histórica corona de la emperatriz Eugenia, una de las piezas más emblemáticas de las Joyas de la Corona de Francia, fue hallada al pie de la Galería Apolo tras el robo registrado en el Museo del Louvre el 19 de octubre de 2025. La joya se libró del hurto definitivo porque los autores la perdieron durante su huida, aunque resultó con daños significativos que el museo ha dado a conocer.
Según informó la pinacoteca, la corona presenta daños por aplastamiento y una deformación considerable, pero conserva casi la totalidad de sus componentes, lo que permitirá una restauración completa. Tras permanecer bajo custodia de la policía judicial por motivos de investigación, la pieza fue entregada al Departamento de Artes Decorativas del museo el 20 de octubre de 2025.
Un primer informe técnico detalla que la deformación inicial se habría producido al extraer la corona de la vitrina a través de una ranura relativamente estrecha practicada con una herramienta de corte. Esa tensión provocó el desprendimiento de los aros de la corona, uno de los cuales se perdió. Posteriormente, un impacto violento habría ocasionado el aplastamiento de la estructura.
Entre los daños registrados figuran la pérdida de una de las águilas de oro y de 10 pequeños diamantes, de un total original de mil 354. La pieza, no obstante, conserva las 56 esmeraldas originales. “Aunque la forma de la corona ha sido alterada, casi todos sus componentes se conservan. Solo falta uno de sus elementos decorativos. Por lo tanto, su restauración completa será posible sin necesidad de reconstrucción ni recreación, y se limitará a remodelar su estructura”, señaló el museo.
Para el proceso de restauración se conformará un comité de expertos integrado por especialistas del Louvre, historiadores de otras instituciones y representantes de casas históricas de joyería francesa cuya trayectoria se vincula estrechamente con los diamantes de la Corona: Mellerio, Chaumet, Cartier, Boucheron y Van Cleef & Arpels, especialmente entre jefes de taller y artesanos.
La corona intacta de la emperatriz francesa Eugenia, vista aquí en una fotografía de 2025 / ReutersLa corona fue encargada con motivo de la Exposición Universal de 1855 por el emperador Napoleón III al joyero oficial Alexandre Gabriel Lemonnier, quien creó una para el emperador y otra para la emperatriz emperatriz Eugenia. En su elaboración participaron el escultor Gilbert, responsable del modelado de las águilas que forman los arcos, y el joyero Pierre Maheu como jefe de taller. La selección y disposición de las piedras estuvo a cargo del inspector de diamantes de la Corona, Devin.
Tras la caída del Segundo Imperio, la corona fue devuelta a Eugenia en 1875, lo que la salvó de la destrucción que sí afectó a la corona imperial durante la venta de las Joyas de la Corona en 1887. Legada en 1920 a la princesa María Clotilde Napoleón, la pieza fue adquirida por el Museo del Louvre en 1988.
Aunque nunca fue utilizada en una coronación, la corona de la emperatriz Eugenia es hoy una de las pocas coronas soberanas conservadas en Francia, junto a la de Luis XV y la conocida como corona de Carlomagno.



