Nepal y China han retomado las labores de búsqueda y rescate en la zona fronteriza después de suspenderlas temporalmente por el riesgo de que un lago formado tras la devastadora riada provocara una nueva inundación. El embalse natural, creado por un enorme tapón de rocas, barro y escombros, comenzó a desbordarse este viernes y obligó a los equipos de emergencia a retirarse de las orillas del río.
El lago se formó cerca de la confluencia de los ríos Chochen y Purepu Tsangpo, a unos 10 kilómetros aguas arriba del puerto de Gyirong, después de que la avalancha de hielo, roca y barro desencadenada por el colapso de un glaciar bloqueara el cauce. Durante más de 24 horas, los materiales acumulados actuaron como una presa natural y retuvieron millones de metros cúbicos de agua.
Las autoridades chinas habían advertido desde el jueves de que el lago presentaba un elevado riesgo de rotura. El rápido aumento del nivel del agua llevó a ordenar a los equipos de rescate que se alejaran de las márgenes del río ante la posibilidad de una nueva oleada de agua. Posteriormente, una evaluación de las condiciones aguas arriba permitió reanudar las operaciones al considerar que el riesgo podía ser gestionado.
Narendra Pariyar, principal responsable administrativo del distrito nepalí de Rasuwa, confirmó que las autoridades habían recibido información sobre el desbordamiento del lago y señaló que el nivel del agua del río Bhotekoshi, uno de los principales afluentes del Trishuli, continuaba aumentando. Las autoridades locales activaron los mecanismos de coordinación de emergencias y mantienen la vigilancia ante posibles nuevas crecidas.
Una segunda amenaza en plena búsqueda de desaparecidos
La aparición del lago de barrera ha complicado todavía más unas labores de rescate ya extremadamente difíciles. La riada del miércoles arrasó pueblos, carreteras y puentes a ambos lados de la frontera, dejando amplias zonas aisladas y dificultando el acceso de los equipos de emergencia.
La catástrofe se produjo después del colapso de una masa glaciar en el Himalaya. Imágenes satelitales analizadas por expertos apuntan a que el desprendimiento de hielo y terreno provocó una enorme avalancha que alcanzó el valle y desplazó grandes cantidades de agua, roca y sedimentos hacia los cauces fluviales.
El balance de víctimas continúa aumentando. Nepal contabiliza al menos 547 fallecidos, mientras que China ha confirmado cinco muertos en la región autónoma del Tíbet. Cerca de un millar de personas permanecen desaparecidas en Nepal y otras 558 en el lado tibetano, según los últimos datos disponibles de las autoridades.
La magnitud de la destrucción ha dejado también a numerosos ciudadanos extranjeros sin localizar. Entre los desaparecidos hay trabajadores, turistas y peregrinos que atravesaban la zona en dirección al Tíbet, entre ellos ciudadanos de India, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá.



