Considerado la figura cumbre de la literatura y el teatro en lengua inglesa, William Shakespeare sigue siendo, más de cuatro siglos después de su muerte, un personaje rodeado de misterios. A las lagunas históricas sobre su vida se suman periódicamente nuevas teorías que cuestionan su identidad, y la más reciente ha generado un intenso debate en círculos académicos y culturales.
La historiadora feminista Irene Coslet, graduada de la London School of Economics (LSE), sostiene en su libro The Real Shakespeare que el célebre dramaturgo de Stratford-upon-Avon no habría sido el verdadero autor de las obras que llevan su nombre. Según su investigación —recogida por el diario británico Daily Mail— el genio detrás de clásicos como Hamlet, Macbeth y Romeo y Julieta habría sido en realidad Emilia Bassano, una poeta con vínculos con la corte de los Tudor.
Coslet plantea que Bassano, presuntamente una mujer de ascendencia norteafricana, de religión judía y con conexiones familiares en Venecia, escribió el canon shakespeariano bajo el seudónimo “Shakespeare”. La autora argumenta que la obra fue atribuida a un hombre blanco para evitar que una dramaturga negra fuera reconocida como responsable de textos que hoy se consideran pilares de la cultura occidental.
Emilia Bassano fue amante de Henry Carey, primer barón de Hunsdon, Lord Chambelán de Isabel I y mecenas de los Lord Chamberlain’s Men, la compañía teatral asociada históricamente con Shakespeare. Algunos estudiosos ya habían vinculado a Bassano con la figura de la “Dama Oscura” mencionada en los sonetos shakesperianos, pero Coslet va más allá al atribuirle la autoría completa de las obras.
En su libro, la historiadora cuestiona cómo el hombre de Stratford —a quien describe como un prestamista con educación limitada— pudo alcanzar el nivel de erudición reflejado en los textos. Atribuye ese conocimiento a la “identidad diversa” de Bassano, su entorno cultural y sus supuestos vínculos internacionales, que habrían influido en la amplitud temática y geográfica de las obras.
Aunque retratos históricos muestran a Bassano como una mujer de piel clara, Coslet sugiere que su imagen pudo haber sido “aclarada” deliberadamente para ajustarse a los estándares de belleza de la época. La autora llega a afirmar que el mundo anglófono tendría “una madre con identidad multicultural” y que Bassano fue la “madre de una civilización”.
Pese a lo llamativo de la hipótesis, durante la vida de Shakespeare su autoría no fue seriamente cuestionada, e incluso su contemporáneo y rival Ben Jonson lo elogió como un genio “para todos los tiempos”. La comunidad académica tradicional continúa considerando a William Shakespeare de Stratford como el autor de las obras, pero teorías como la de Coslet vuelven a encender un debate que parece no tener un acto final.



