Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes concentran el poder en Nicaragua, observan con preocupación el futuro de sus alianzas internacionales, especialmente la relación con Rusia.
La captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, durante una operación militar estadounidense realizada el pasado 3 de enero habría encendido las alarmas en Managua. El episodio dejó dudas entre los gobiernos aliados sobre la capacidad real del Kremlin para proteger a los regímenes que respalda en América Latina.
Durante años, Moscú se presentó como un socio clave de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Su apoyo incluía cooperación militar, asesoría en seguridad y promesas de respaldo ante posibles amenazas externas.
Sin embargo, la ofensiva en Venezuela puso en entredicho esas garantías. De acuerdo con el análisis divulgado por Infobae, los sistemas de inteligencia y defensa rusos no lograron evitar la operación estadounidense, pese a la presencia de asesores militares de ese país en Caracas.
El fracaso también provocó molestias en Cuba. Según el reporte, 33 militares cubanos murieron durante los hechos relacionados con la custodia de Maduro, lo que habría llevado a sectores de la dirigencia de La Habana a cuestionar el nivel de compromiso de Rusia.
En Nicaragua, la situación es seguida con especial atención. Ortega y Murillo temen que su gobierno pueda convertirse en el siguiente eslabón de una cadena de aliados que dejan de recibir respaldo cuando enfrentan una crisis.
Dentro del círculo de poder nicaragüense también existen dudas sobre una supuesta red de radares que Rusia habría instalado para proteger el espacio aéreo de los tres gobiernos aliados. La inversión, calculada en alrededor de 1,000 millones de dólares, es cuestionada por militares que aseguran no haber visto pruebas claras de su funcionamiento.
Malestar por el ingreso a los BRICS
El descontento de Managua con Moscú no se limita al ámbito militar. La pareja gobernante también se habría sentido decepcionada por la falta de apoyo ruso a su aspiración de ingresar a los BRICS, grupo integrado por economías emergentes.
Nicaragua buscaba utilizar esa plataforma para ganar mayor peso internacional y fortalecer sus vínculos políticos y comerciales. No obstante, Brasil se opuso a su incorporación y Rusia no habría intervenido para cambiar la decisión.
La relación entre Managua y Brasil ya estaba deteriorada por las diferencias en torno a la situación política nicaragüense y la persecución contra opositores. En 2024, sectores de la oposición atribuyeron el fracaso de la solicitud nicaragüense a la política exterior del gobierno de Ortega y a sus tensiones con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
Una alianza bajo presión
Aunque Rusia continúa expresando su respaldo a Nicaragua y Cuba, la experiencia venezolana ha generado dudas sobre el alcance de esas promesas.
Para Ortega y Murillo, el problema ya no es solo si Moscú tiene la tecnología o los recursos para defenderlos. También preocupa si estaría dispuesto a asumir el costo político y militar de hacerlo en caso de una emergencia.
La desconfianza llega en un momento en que el gobierno nicaragüense enfrenta cuestionamientos internacionales por la concentración del poder, las restricciones a la oposición y el debilitamiento de las instituciones democráticas. La reforma constitucional aprobada en 2025 elevó a Murillo al cargo de copresidenta y amplió el control de la pareja sobre los poderes del Estado.
Por ahora, Managua mantiene la alianza con Moscú, pero dentro del régimen comienzan a preguntarse cuánto vale realmente la protección rusa cuando un gobierno aliado enfrenta su momento más difícil.


