Un joven macaco japonés llamado Punch se ha robado la atención en redes sociales luego de que se viralizaran videos donde aparece abrazando con fuerza un peluche. La escena, tan tierna como poderosa, tiene detrás una explicación científica que habla directamente del cerebro y las emociones.
Punch nació en el Zoológico de Ichikawa, en Japón, pero fue rechazado por su madre poco después de venir al mundo. En primates, el contacto materno es clave para regular el estrés, formar vínculos y aprender conductas sociales, por lo que su ausencia encendió las alertas entre los cuidadores.
Ante este escenario, el equipo del zoológico le ofreció un peluche como medida de apoyo emocional. El pequeño no tardó en adoptarlo: comenzó a abrazarlo de forma constante, mostrando una conducta que especialistas reconocen como un mecanismo de apego compensatorio.
Desde el punto de vista científico, el peluche funciona como un objeto transicional, es decir, un sustituto que proporciona sensación de seguridad. Este tipo de recurso ayuda a disminuir la ansiedad y puede facilitar, con el tiempo, la socialización del animal con otros macacos.
Más allá de lo conmovedor de las imágenes, la historia de Punch vuelve a poner sobre la mesa una verdad profundamente biológica: la necesidad de afecto y contacto no es exclusiva del ser humano. En especies sociales, el vínculo temprano es un pilar evolutivo que sostiene el bienestar emocional y el desarrollo saludable del cerebro.



