Un fenómeno encantador —y poco conocido para muchos— ha sido captado por fotógrafos de naturaleza: abejas que, al terminar su jornada, se refugian dentro de flores para dormir... ¡y a veces hasta comparten el espacio con otra abeja!
Aunque las abejas comúnmente descansan en sus colmenas, algunas especies —especialmente las más solitarias— buscan un “hotel florido”. Así lo documentaron los fotógrafos Joe Neely y su esposa: al atardecer, numerosas flores de una planta silvestre se veían ocupadas por abejas inmóviles. En al menos un caso, dos abejas “casi dormidas” entraron en la misma flor y compartieron esa tranquila cama natural.
Los investigadores señalan que este comportamiento —más frecuente en abejas no tan jóvenes o en especies no tan sociales— responde a la necesidad de descanso, conservación de energía y protección durante la noche. En esos momentos, el cuerpo de la abeja reduce su temperatura, su actividad disminuye, y su sensibilidad a estímulos externos baja considerablemente.
Además de lo tierno que resulta verlas acurrucadas, este comportamiento también ofrece pistas sobre el estado de los ecosistemas. Las flores que sirven como refugio nocturno deben estar sanas, abundantes y libres de pesticidas, por lo que la presencia de abejas durmiendo puede funcionar como un pequeño indicador de la calidad ambiental de la zona. Para científicos y aficionados, estas escenas se convierten así en una oportunidad única para comprender mejor cómo las abejas interactúan con su entorno incluso cuando están en reposo.



