Después de lanzar un ataque que conmocionó a Venezuela, Donald Trump ahora parece haber ingresado al negocio de construir naciones.
En una excepcional rueda de prensa en el resort Mar-a-Lago el sábado en la mañana, el mandatario anunció que fuerzas de Estados Unidos habían capturado exitosamente al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en una incursión ejecutada en la madrugada en Caracas.
Trump dijo que su equipo, que incluye al secretario de Estado, Marco Rubio, y al secretario de Defensa, Pete Hegseth, trabajando con venezolanos, asumiría el control del atribulado país. “Vamos a gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y sensata”, señaló.
No está claro qué significa exactamente “gobernar el país”, pero la promesa representa un cambio de rumbo abrupto para el presidente, un camino que está plagado de contradicciones y obstáculos abrumadores.
Un presidente que hizo campaña contra las “guerras eternas”, que criticó intensamente los esfuerzos de gobiernos anteriores por cambiar regímenes y que prometió implementar una política internacional de “Estados Unidos primero”, ahora aboga por reconstruir una nación sudamericana cuya economía está en ruinas y cuya estabilidad política lleva décadas siendo socavada.
Aun así, Trump se muestra implacablemente optimista.
‘Botas en el terreno’
Trump dijo que su gobierno tiene un “historial perfecto de victorias”, y que este caso no será diferente.
Se comprometió a reclutar a compañías de energía estadounidenses y suministrar fondos para reconstruir la deteriorada infraestructura industrial de Venezuela, así como a beneficiar a los venezolanos con todo ello. Además, no descartó un despliegue de soldados estadounidenses en Venezuela para emprender estos esfuerzos. “No le tenemos miedo a tener botas en el terreno, tuvimos botas en el terreno anoche”, afirmó en rueda de prensa.
Trump comenzó su mandato hace casi un año prometiendo ser un pacificador, pero el año pasado ya demostró que está más que dispuesto a usar la fuerza militar.
La semana pasada ordenó ataques en Siria y en Nigeria, y a lo largo de 2025 atacó instalaciones nucleares en Irán, presuntas embarcaciones con drogas en el Caribe, fuerzas rebeldes en Yemen, grupos armados en Somalia y militantes islámicos en Irak.
A diferencia de acciones pasadas, en las que se ha usado en gran medida misiles y aviones, con lo que se reduce la exposición de las fuerzas estadounidenses a sufrir daños, el ataque de Trump a Venezuela y su compromiso con el futuro de esa nación son notablemente distintos.
Críticas
Su objetivo, dijo en la rueda de prensa del sábado, es “volver a hacer a Venezuela grande”.
Ese giro de su eslogan “volver a hacer a Estados Unidos grande” (“Make America Great Again” o MAGA, por sus siglas) podría ser algo difícil de digerir para algunos de los seguidores de Trump.
La legisladora Marjorie Taylor Greene, quien lealmente apoyaba a Trump, pero dejó de hacerlo tras acusarlo de abandonar a su base política, rápidamente condenó las acciones del mandatario.
“El disgusto de los estadounidenses con la interminable agresión militar y el apoyo a guerras extranjeras de nuestro propio gobierno es justificado porque somos forzados a pagar por eso y ambos partidos, republicanos y demócratas, siempre mantienen la maquinaría militar de Washington financiada y marchando”, escribió en la red social X.
“Muchos en MAGA pensaron que habían votado para darle un fin a eso”, dijo, agregando: “Estábamos equivocados”.
Otro crítico prominente del gobierno, el republicano Thomas Massie, contrastó la justificación legal para el arresto de Maduro —basada en cargos relacionados con drogas y cocaína— con la explicación de Trump de que la operación era para recuperar petróleo estadounidense confiscado y detener la producción de fentanilo.
No obstante, la mayoría de los legisladores republicanos apoyan al mandatario. Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, describió la acción militar contra un “régimen criminal” como “decisiva y justificada”.
Apuesta a futuro
Desde el punto de vista del gobierno estadounidense, la operación militar fue un éxito: no se registraron muertes en las tropas que participaron y hubo un daño limitado al equipamiento desplegado.
Trump, con su típica fanfarronada, describió la operación como un “asalto espectacular” y “una de las demostraciones más impresionantes, efectivas y potentes del poderío y competencia militar estadounidense en la historia estadounidense”.
Ahora apuesta su presidencia a que ese éxito continúe, ya que Estados Unidos dice que asumirá el control de gobernar y reconstruir Venezuela, aunque no sabemos qué significa eso realmente.
Él y su equipo deben fortalecer una nación que ha estado en crisis durante décadas, mientras estabilizan una región que seguramente mostrará recelos frente a lo que la política exterior de Trump le depara.



