Lo que debía ser una jornada de reflexión se volvió un escándalo.
En el centro de Bogotá, mientras cientos de feligreses participaban en el tradicional Viacrucis de Viernes Santo, una manifestación protagonizada por integrantes de la comunidad trans y otros grupos generó un fuerte choque social y reacciones encontradas.
La movilización recorrió la carrera Séptima con intervenciones simbólicas en distintos puntos, incluyendo zonas cercanas a templos como Las Nieves, San Francisco y Nuestra Señora de las Aguas.
Según reportes difundidos, algunos actos fueron percibidos por asistentes como una provocación en medio de una de las fechas más importantes del calendario católico.
Testigos señalaron que en ciertos momentos hubo interrupciones en las actividades religiosas, lo que llevó a que fieles intentaran cerrar puertas de iglesias para evitar mayores incidentes.
La situación desató incomodidad y críticas en redes sociales, donde varios calificaron las acciones como una falta de respeto.
Por su parte, la movilización también tuvo como objetivo visibilizar denuncias relacionadas con abuso policial y cuestionamientos a estructuras de poder, según versiones oficiales.
Durante el recorrido se realizaron varias paradas performativas que incluyeron elementos simbólicos que generaron controversia.
El caso abrió además un debate legal sobre los límites entre la libertad de expresión y la protección de los actos religiosos.
Expertos recordaron que la normativa colombiana contempla sanciones cuando se afectan ceremonias de culto.



