Con el corazón en la mano y la vocación como motor, los paramédicos son los verdaderos ángeles anónimos que se lanzan a la calle cada día para salvar vidas. Hoy, en su día, se rinde homenaje a esos hombres y mujeres que entregan alma y cuerpo para atender emergencias y brindar las primeras atenciones médicas cuando cada segundo cuenta.
La vida de un paramédico no es fácil. Enfrentan largas jornadas, situaciones de alto riesgo y el dolor humano de cerca, pero su compromiso no se quiebra. “Nuestra profesión es un servicio de amor. Estamos allí cuando alguien más lo necesita, sin importar la hora o el lugar”, compartió Fabián Arcia, miembro del Sistema Único de Atención Médica Prehospitalaria, quien lleva años respondiendo al llamado de la emergencia.
Arcia asegura que ser paramédico es mucho más que un trabajo: es una vocación. “He visto lágrimas, miedo y esperanza. Pero también he visto sonrisas cuando logramos estabilizar a alguien. Eso vale más que cualquier salario”, dijo con emoción.
En cifras
En la provincia de Veraguas trabajan más de 60 paramédicos, quienes día y noche están al servicio de la población a través del Sume 911, Bomberos, Ministerio de Salud (Minsa), Caja de Seguro Social (CSS) y entidades privadas. Ellos son los primeros en llegar al lugar del accidente, los primeros en actuar, y muchas veces, los responsables de que un corazón vuelva a latir.
Hoy, el país les reconoce su entrega silenciosa. Porque aunque no lleven capa, su valor y dedicación los convierte en verdaderos héroes de carne y hueso.


