Bajo la franja de la conferencia de prensa de la Feria Nacional de Artesanías 2026, distintos artesanos compartieron no solo lo que producen, sino también el significado profundo de sus oficios y lo que esperan del evento que reunirá a cientos de artesanos del país.
Entre historias de herencia, trabajo manual y orgullo cultural, las voces de los artesanos pusieron el foco en algo claro: la feria es suna vitrina para mantener vivas tradiciones que pasan de generación en generación.
La Nagua como identidad y orgullo cultural ngäbe buglé
Desde el proyecto Naguas Panamá, la diseñadora creativa Yhanisell Chávez explicó que su trabajo está directamente ligado a la preservación de la identidad indígena ngäbe buglé.
Para ella, la Nagua no es solo una prenda, sino un símbolo de preservación cultural.
“La tradición es un legado que se lleva con orgullo. Es alzar la voz por nuestras abuelitas que lucharon para que la cultura siga de generación en generación”, expresó.

Chávez relató que su interés nació al observar cómo muchas jóvenes de su comunidad dejaron de usar esta vestimenta tradicional.
Ese cambio la impulsó a emprender con una propuesta que mezcla lo tradicional y lo moderno, buscando que más mujeres vuelvan a sentirse representadas.
“Voy a hacer que todas nos sintamos orgullosas de lucir este traje tan hermoso”, afirmó.
También destacó que la artesanía no solo tiene valor cultural, sino económico, especialmente para las mujeres indígenas. Según su visión, consumir lo local es clave para que estas tradiciones no desaparezcan.

Un legado que sigue de pie
En otro punto, el artesano José Daniel Macías, dedicado a la zapatería tradicional, contó que su historia viene desde la infancia, aprendiendo el oficio junto a su padre.
“Desde que tengo uso de razón estoy con esto”, explicó.
Macías produce distintos tipos de calzado artesanal como cutarras, chinelas, babuchas y sandalias, entre otros estilos que forman parte de la tradición popular.

Aunque es su primera participación en la feria, asegura que sus expectativas están centradas en la aceptación del público.
Para él, la artesanía sigue siendo una escuela de vida y espera que le permita dar a conocer sus productos y abrir nuevas oportunidades de venta.
También dejó un mensaje directo a las nuevas generaciones que dudan en aprender el oficio: animarse.
Según dijo, ver a una persona llevarse un producto satisfecho es una de las mayores recompensas del trabajo artesanal.

La fuerza del trabajo hecho a mano
Desde el universo textil indígena, la artesana Dianela García mostró parte de su trabajo basado en molas, chaquiras y accesorios hechos completamente a mano.
Entre su oferta hay guantes, carteras, monederos, máscaras de mola y piezas decorativas, todas elaboradas con técnicas tradicionales.
García explicó que cada pieza puede tardar hasta dos semanas en completarse, ya que todo el proceso es manual, puntada por puntada, sin uso de máquinas.

“El arte de la mola es parte de nuestra cultura y hay que mantenerlo vivo”, señaló.
También destacó que este tipo de artesanía ayuda a preservar la identidad de los pueblos originarios, tal como lo hicieron sus antepasados.
En cuanto a precios, mencionó que los productos pueden oscilar desde los 5 hasta los 20 dólares, dependiendo del tipo de pieza.
La Feria Nacional de Artesanías 2026 se celebrará del 29 de julio al 2 de agosto en el Centro de Convenciones Atlapa, donde artesanos de todo el país exhibirán y pondrán a la venta sus creaciones.
El costo de entrada será de B/.3.00 para adultos, B/.1.50 para jubilados, mientras que los estudiantes podrán ingresar de forma gratuita, según informaron las autoridades durante la presentación oficial del evento.




