Hay profesiones que se estudian y otras que se sienten. La enfermería, dicen quienes la viven, pertenece a las dos, pero sobre todo a la segunda.
Detrás de cada uniforme hay historias de sacrificio, entrega y una vocación que no entiende de horarios.
Para Diana Peña, presidenta de la Asociación Nacional de Enfermeras en Panamá Oeste, 25 años de servicio no se miden en tiempo, sino en vidas tocadas.
“Me regocija servir, especialmente a mi comunidad en La Chorrera”, cuenta.
Su día a día transcurre acompañando a mujeres en procesos de salud sexual y reproductiva, donde la empatía es tan vital como cualquier procedimiento.
“Ayudarlas, comprenderlas, estar con ellas… ese apoyo emocional nos define”, asegura.
Su experiencia la ha marcado en momentos que otros apenas imaginan.
“Ver nacer a un niño o una niña todos los días… eso llena el alma”, dice, con la voz de quien ha sido testigo del inicio de la vida una y otra vez.
Pero la enfermería también se mueve fuera de los hospitales. Como gremio, organizan actividades que fortalecen su rol, como jornadas de formación y liderazgo.
Diana Peña, presidenta de la Asociación Nacional de Enfermeras, capítulo de Panamá Oeste.Diana Peña, Enfermera.
“La enfermería no es solo clínica, está en todos los espacios, siempre desde lo humano”
Como parte de la conmemoración, el gremio también impulsa espacios de formación como el taller de liderazgo en enfermería, una iniciativa que reúne tanto a profesionales con años de servicio como a nuevas generaciones.
Esa misma esencia guía a Adriana Sánchez, quien lleva 12 años ejerciendo. Para ella, no hubo dudas al elegir su camino.
“No me equivoqué de carrera. Esto es algo que se hace de corazón”, afirma.
Su trabajo en atención primaria la lleva a escenarios donde el cuidado va más allá de lo físico.
“Hay pacientes que solo necesitan ser escuchados”, dice. Y en ese escuchar, ha encontrado historias que la transforman. Recuerda a Christian, un niño con parálisis que, sin tener mucho, siempre buscaba la manera de agradecerle.
Adriana Sánchez, enfermera y coordinadora del programa de adolescencia escolar en la Región de Salud de Panamá Oeste.Adriana Sánchez, enfermera
“Eso te marca. Te hace entender que sí estás llegando”.
Su labor no es fácil: caminar largas distancias, tocar puertas que a veces no se abren, enfrentar el sol o la lluvia. Pero insiste: “Los niños no tienen la culpa. Si no van al centro, nosotros vamos a ellos”.
Desde otra esquina del país, Joel Barría, enfermero con ocho años de experiencia, también conoce el peso de la vocación.
Migrar desde Herrera hasta la capital para trabajar en un hospital de alta complejidad implicó un cambio total de vida.
“Ha sido difícil, pero cada día doy lo mejor para que mis pacientes se sientan bien atendidos”, afirma.
Para él, la recompensa es simple y poderosa: “Una sonrisa, un ‘gracias’. Eso lo es todo”.
Joel Barría, enfermero en la Ciudad de la Salud.Joel Barria, enfermero
“Venirme desde Herrera a Panamá fue un cambio total en mi vida, no solo en lo laboral, también en lo emocional; ha sido complicado, pero uno aprende a adaptarse por sus pacientes.”
En el Día de la Enfermera, sus historias recuerdan que, más allá de la técnica, esta profesión se sostiene sobre algo invisible, pero esencial: el corazón.



