El parque Juan Demóstenes Arosemena, en Santiago, amaneció este domingo con un aire distinto: más solemne, más familiar y más lleno de fe. La feligresía santiagueña celebró el Corpus Christi con una eucaristía concurrida y una procesión que convirtió las calles alrededor del parque en un recorrido de devoción, arte religioso y tradición popular. La jornada tuvo como protagonistas las alfombras confeccionadas con sal de colores, preparadas desde la noche del sábado para recibir el paso del Santísimo Sacramento.
Las alfombras religiosas fueron elaboradas para recibir el paso solemne del Santísimo Sacramento.Alfombras de sal preparadas desde la noche anterior
De acuerdo con el reporte suministrado, desde la noche del sábado se elaboraron 10 imágenes religiosas en las calles alrededor del parque. Las figuras fueron confeccionadas con relleno de sal de colores, una práctica que requiere paciencia, coordinación y mucha fe, porque cada diseño debe quedar listo antes de la procesión.
Estas alfombras no solo decoran el recorrido. En la tradición católica, funcionan como una ofrenda visual y comunitaria para acompañar el paso del Santísimo Sacramento, uno de los momentos más solemnes de la celebración de Corpus Christi.
Las alfombras religiosas fueron elaboradas para recibir el paso solemne del Santísimo Sacramento.Misa concurrida y procesión del Santísimo
La celebración inició con la eucaristía dominical, que contó con una notable asistencia de fieles. Tras culminar la misa, se realizó la procesión del Santísimo Sacramento alrededor del parque Juan Demóstenes Arosemena.
Durante el recorrido, los participantes pasaron por cada una de las alfombras religiosas, cuyas imágenes representaban a universidades, entidades religiosas y familias. Cada diseño reflejó el esfuerzo de grupos que se unieron para mantener viva una tradición que mezcla espiritualidad, creatividad y sentido de comunidad.
Una tradición que sale del templo a la calle
Corpus Christi, también conocido como la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es una de las celebraciones más significativas para la Iglesia católica, porque resalta la presencia de Cristo en la Eucaristía. En Santiago, esa fe salió del templo y caminó por las calles, entre cantos, oración y miradas de emoción.


