En Curundú, entre calles marcadas por estigmas, hay semillas que insisten en crecer. Como esas rosas que rompen el pavimento contra todo pronóstico.
Así se mueve el trabajo de la sargento Militza De León, quien desde hace cerca de seis años encontró en esta comunidad algo más que un destino laboral: una misión.
Desde la Unidad Preventiva Comunitaria, impulsa el programa de Educación y Formación Continua, una iniciativa que nació tras detectar una realidad concreta: jóvenes y niños fuera del sistema educativo, sin acceso a herramientas básicas para construir su futuro.
MI DIARIO- DÍA DEL POLICÍALa cifra inicial fue clara: al menos 54 casos identificados en la comunidad.
A partir de ahí, comenzó un trabajo que no se limita a señalar el problema, sino a enfrentarlo desde adentro.Pero lo que ocurre en este espacio va más allá de Curundú.
Hasta este programa llegan estudiantes desde distintos puntos del país. Jóvenes que se trasladan desde sectores como San Miguelito e incluso desde Panamá Oeste, buscando una oportunidad que no encontraron en el sistema educativo tradicional.
Muchos de ellos han quedado fuera por diversas razones: dificultades de adaptación, situaciones familiares complejas y otros contextos que los alejan de las aulas convencionales.
Jerferson García-15 añosAquí,en la Biblioteca de Curundú, sin embargo, encuentran una puerta abierta.
El programa funciona bajo una lógica distinta. Se trabaja por módulos, adaptándose a los ritmos y realidades de cada estudiante.
No todos parten del mismo punto, ni llegan con las mismas condiciones.
Se atiende a adolescentes de entre 12 y 17 años, pero también a adultos —incluyendo padres de familia— que buscan retomar estudios que quedaron inconclusos.
La formación abarca alfabetización, premedia y media, con bachilleratos en humanidades y comercio. Pero el proceso no se limita a lo académico.También se trabajan habilidades para la vida.
Kelly Vega- SamariaPara muchos de ellos, Militza no es solo una instructora. Es acompañamiento constante. Es escucha. Es una figura que, en más de un caso, asumen como maternal.Ese vínculo deja huella.
De hecho, varios de los estudiantes consultados por Mi Diario coinciden en algo: quieren ser policías. No por imposición, sino por ejemplo. Ven en ella una referencia cercana, alguien que no solo habla, sino que actúa y permanece.
Los resultados comienzan a reflejarse.En cuatro años, el programa ha logrado graduar a 20 personas en alfabetización, además de estudiantes que han culminado niveles de premedia y bachillerato.
También hay historias que trascienden: jóvenes que han retomado su rumbo e incluso han logrado integrarse a instituciones como la Policía Nacional.
Joseline González-Curundú
Y el trabajo no se queda dentro del aula.
Parte fundamental del proceso es salir a buscar a quienes están fuera del sistema, acompañarlos y facilitar su regreso. Como ocurrió el pasado 8 de abril, cuando dos menores lograron reincorporarse a la escuela.Se trata de Jhonny Contreras y Nathalie Pinzón, ambos de 10 años, quienes fueron asignados a quinto y tercer grado, respectivamente.
En un lugar muchas veces catalogado como “zona roja”, este tipo de acciones también cuentan otra historia.
La de una comunidad que, pese a las dificultades, sigue siendo semillero de personas con ganas de salir adelante.Y donde, incluso en medio del concreto más duro, hay vidas que encuentran la forma de florecer.
MI DIARIO- DÍA DEL POLICÍA

