Panamá vivió una noche que no se va a borrar fácil.
La llegada por primera vez al país de Dream Theater este pasado martes 14 de abril convirtió el recinto en un templo del metal progresivo.
El espectáculo arrancó poco después de las 8:00 p.m., pero la conexión con los asistentes fue inmediata.
James LaBrie saludó con un “Hello Panamá” que encendió al público, pero también hubo momentos donde el protagonismo no fue la voz.
En varios pasajes, el vocalista se retiraba del escenario y dejaba a sus compañeros sumergirse en extensos segmentos instrumentales, donde la técnica se imponía como lenguaje principal.

El sonido era abrumador en el mejor sentido: las guitarras de John Petrucci cortaban el aire con precisión, la batería de Mike Portnoy retumbaba en el pecho, el bajo de John Myung sostenía todo con firmeza y los teclados de Jordan Rudess completaban una atmósfera envolvente.
Todos competían por protagonismo, pero sin romper una armonía que definió cada segundo del show.
El concierto tuvo un ingrediente especial que lo convirtió en algo más que una fecha dentro de una gira: el regreso de Mike Portnoy.
El baterista original y cofundador volvió a ocupar su lugar, algo que no ocurrió en giras anteriores donde Mike Mangini sostuvo una etapa técnicamente impecable, pero marcada por una transición interna.
Esta vez, con la alineación clásica reunida, el show se sintió como una celebración de la historia de la banda.

El público respondió en distintos niveles.
Había momentos de silencio total, con fanáticos completamente estáticos, analizando cada cambio de ritmo y cada nota.
Pero en otros instantes, la intensidad explotaba en “mosh pits”, donde grupos de asistentes se lanzaban en un frenesí colectivo, demostrando la dualidad de una banda que se disfruta tanto con la mente como con el cuerpo.
A lo largo de la noche, también hubo referencias visuales y sonoras a clásicos como Pesadilla en la calle Elm y La Sociedad de los Poetas Muertos, elevando las historias contadas en las canciones del grupo.
El repertorio no decepcionó. Sonaron temas como As I Am, Panic Attack, Metropolis, The Enemy Inside, Peruvian Skies, The Mirror, Strange Déjà Vu, The Shadow Man Incident y la extensa A Change of Seasons.
También hubo guiños inesperados, como una versión de Panama de Van Halen y fragmentos de Pink Floyd, que reforzaron la conexión con el público.

Y es que, aunque en términos comerciales Dream Theater podría parecer una banda “de nicho”, lo vivido en Panamá demuestra otra realidad: su impacto no se mide en cifras, sino en la conexión con su público.
Esa conexión fue evidente en la diversidad de asistentes: jóvenes, adultos, niños acompañados por sus padres y seguidores veteranos compartieron el mismo espacio, unidos por una misma pasión.
Tras su paso por Panamá, la banda continuó su gira hacia Costa Rica, donde también logró conmover al público, reafirmando la fuerte conexión que mantiene con Latinoamérica y distintas partes del mundo.



