Fotos: Gabriela S. Herrera
Antes del uniforme, antes de las órdenes y los operativos, hay un vínculo que no se enseña en manuales. Se construye con tiempo, paciencia… y algo que no se ve, pero se siente.
Y en la Unidad Canina de la Policía Nacional (UCAN), incluso el día empieza distinto. Antes de salir al trabajo, hay un momento que no está escrito en ningún protocolo: una oración.
Mae, la perrita de relaciones públicas, acompaña ese inicio, como si también entendiera que lo que viene no es solo una jornada más.
En la UCAN, ese lazo tiene nombre propio.
El sargento primero Walter Quintero lo resume sin rodeos cuando habla de Dochise, su compañero desde hace cuatro años. Lo conoció cuando apenas tenía tres meses. Desde entonces, el proceso fue claro: socialización y entrenamiento. Pero con el tiempo, ese vínculo dejó de ser solo trabajo.
“Para mí no es solo un can… es un amigo, un hermano”, dice.
Sargento primero Walter Quintero y su perro DochiseDochise también es un perro de relaciones públicas. Detrás de cada presentación hay una historia diaria de convivencia, cuidado y conexión. Una relación que se proyecta hacia el momento más difícil: la despedida.
“Va a ser algo duro”, admite, al hablar del día en que el perro se jubile.
Ese mismo inicio marcó el camino del cabo segundo Manuel Morales con Dyron, un perro de intervención policial. Su entrenamiento se basó en la socialización y adaptación a distintos escenarios.
Cabo segundo Manuel Morales y su perro Dyron perro de intervención PIPDyron puede ser tranquilo, pero también está preparado para actuar bajo orden. Esa dualidad exige confianza absoluta.
“Él tiene que verme como un amigo. Así como él me protege, yo también debo protegerlo”.
En ese equilibrio se construye el binomio canino: una relación donde ambos dependen del otro.
Para la cabo segunda Lisdeika Núñez, el proceso es más reciente. Lleva un año trabajando con Eno, especializado en detección de narcóticos.
“Es un perro ágil, amigable… y el trabajo nos ha unido”, señala.
CABO SEGUNDA LISDEIKA NÚÑEZ Y SU PERRO ENO DE NARCÓTICOS“Con él he aprendido a tener seguridad en cada situación”, agrega.
Detrás de estos equipos hay una estructura más amplia. El teniente Álvaro Rodríguez explica que el proceso inicia incluso antes del nacimiento, con estimulación temprana y formación según capacidades.
Actualmente, la institución cuenta con unos 80 binomios a nivel nacional.
TENIENTE ÁLVARO RODRÍGUEZ, ENCARGADO DE ADIESTRAMIENTO Y LA PERRITA MAE DE RELACIONES PÚBLICASPero más allá de la técnica, hay un principio clave.
“El vínculo se construye a través del juego… el día que se enteren que esto es un trabajo renunciarían”.
Y en ese juego se forma algo más que un equipo.
Se forma confianza.
Los guías coinciden: no son herramientas. Son compañeros.
En medio del trabajo se construye una relación silenciosa, pero firme. Una que no necesita palabras.
Porque en este tipo de trabajo, hay algo claro:
Ellos no solo obedecen.
También acompañan.
CABO SEGUNDA LISDEIKA NÚÑEZ Y SU PERRO ENO DE NARCÓTICOS
Sargento primero Walter Quintero y su perro Dochise
