En Curundú, donde la calle a veces suena más fuerte que el timbre de una escuela, hay historias que duelen… pero también hay manos que no sueltan.
Entre realidades difíciles, entornos marcados por la violencia y decisiones que llegan demasiado temprano, una comunidad entera se resiste a perder a sus niños.
Ahí, en medio de todo, la Escuela Fe y Alegría se ha convertido en más que un centro educativo: es un espacio que acompaña, orienta y vuelve a abrir puertas cuando parecen cerradas.
Acompañar para que no se queden atrás
En exclusiva con Mi Diario, la directora del plantel, María de Panay, explicó que el trabajo de la escuela va más allá de impartir clases. Se trata de salir a la comunidad, identificar a los niños que han dejado de asistir y motivarlos a regresar.
María de Panay, la directora de la Escuela Fe y Alegría, Curundú.María de Panay, la directora de la Escuela Fe y Alegría, Curundú.
“Trabajamos en la comunidad para atraer a aquellos niños que no están asistiendo a clases”.
Muchos de estos casos están marcados por situaciones familiares complejas que retrasan o interrumpen su proceso educativo. Aun así, la escuela mantiene sus puertas abiertas para brindarles una nueva oportunidad.
Ese acompañamiento, reconocen en la comunidad, ayuda a que los niños cambien su forma de pensar, se alejen de lo negativo y comiencen a enfocarse en lo positivo que también existe en Curundú, un sector que muchas veces es señalado por la violencia, pero donde también hay esfuerzo, valores y ganas de salir adelante.
Fotografía: Gabriel Rodríguez/ Niños de Curundú retoman sus estudios con entusiasmo, apostando por un mejor futuro.Dar oportunidades, incluso cuando el tiempo parece ir en contra
Uno de los enfoques más importantes del centro educativo es no cerrarles el camino a quienes llegan tarde.
“Si son niños que presentan una conducta adecuada, permitimos que terminen su escolaridad primaria, aunque estén fuera de la edad”, explicó la directora.
Casos como el de una niña de 10 años reflejan este esfuerzo. Tras regresar a la escuela para retomar su primaria, lo primero que hizo fue buscar el abrazo de quienes la han acompañado desde el inicio.
Con el apoyo de la Policía Comunitaria, la directora y el trabajo conjunto en la comunidad, hoy regresa a las aulas con entusiasmo, con sueños reflejados en su mirada y la determinación de seguir adelante.
Padres esperan a sus hijos a las afueras de la escuela, acompañando de cerca su proceso educativo.Un trabajo en equipo por el futuro
Este esfuerzo también cuenta con el apoyo de la Policía Preventiva Comunitaria de Curundú. La sargento de León lidera un programa de reinserción dirigido a adolescentes entre 12 y 17 años, y colabora directamente con la directora en la identificación y reincorporación de niños de primaria al sistema educativo.
Se trata de un trabajo colaborativo en el que participan educadores, líderes comunitarios y miembros de la comunidad, todos con un mismo objetivo: brindar apoyo, orientación y oportunidades a los niños y jóvenes para que puedan construir un futuro distinto.
Porque, incluso en medio de las dificultades, en Curundú hay algo que no se pierde: las ganas de salir adelante.



