Bajo un ambiente de profunda devoción y con miles de fieles presentes, la eucaristía en honor a Jesús Nazareno volvió a convertir a Atalaya, en Veraguas, en el corazón espiritual del país. La ceremonia, presidida por monseñor Pedro Hernández, dejó un mensaje a los creyentes, que es momento de cambiar de actitud y vivir la fe sin ataduras.
Monseñor Pedro Hernández presidió la eucaristía y llamó a cambiar de actitud desde el corazón.Mensaje directo desde el altar
Durante la homilía, monseñor Hernández advirtió sobre la injerencia del poder político en la vida de las personas. Señaló que “todos se creen dueños de los demás y queremos manipularlos como nos da la gana”, en un llamado a respetar la dignidad humana.
El prelado también reflexionó sobre la necesidad de vivir una fe auténtica y no permitir que otros pisoteen o destruyan a las personas. Añadió que Panamá es un país bendecido, donde —según expresó— no se enfrentan huracanes, ciclones ni terremotos, lo que permite una vida relativamente tranquila para sus habitantes.
Fieles acompañan la procesión de Jesús Nazareno en Atalaya, una de las manifestaciones de fe más grandes del país.Atalaya, punto de conversión
Al cierre de la eucaristía, el arzobispo José Domingo Ulloa subrayó que Atalaya representa el inicio de un nuevo camino de conversión. “No es una tradición, sino una actitud”, expresó, insistiendo en la necesidad de enrumbar la vida espiritual.
Representantes de la Iglesia católica reiteraron que el cambio comienza reconociendo los pecados y uniéndose a la fuerza de Dios para transformar el corazón y, con ello, la realidad de la Iglesia.
Procesión entre pétalos y fe
A las 12:00 en punto, con el repique de campanas, la imagen de Jesús Nazareno salió en procesión entre una lluvia de pétalos lanzados desde las torres del templo.

Yamilet Espino, Las Cruces, Los Santos
“Todos los años camino con mi familia y soy muy devora de Jesús Nazareno”
Custodiada por unidades de la Policía Nacional y los tradicionales cargadores, la imagen recorrió las calles del distrito durante aproximadamente una hora.
Entre los devotos estaba Carlos Mendoza, llegado desde Arraiján, quien expresó: “Estoy feliz en llegar a visitar a Jesús Nazareno; mientras Dios me dé vida, siempre estaré aquí en Atalaya”.
La jornada volvió a confirmar que la fe mueve multitudes en Atalaya. El llamado de la Iglesia fue directo: cambiar el corazón para transformar la realidad. Ahora la pelota queda del lado de los fieles.



