Ubicada en el histórico barrio de Santa Ana, la Iglesia Santa Ana es uno de los templos más representativos de la ciudad de Panamá, con una historia que atraviesa siglos de incendios, reconstrucciones y transformaciones sociales.
Aunque no existe una fecha exacta de su fundación, se estima que sus orígenes se remontan a la época de Panamá Viejo, alrededor del siglo XVI.
Tras el ataque de 1671, la parroquia fue reubicada en las afueras del nuevo asentamiento, en lo que entonces era el arrabal de Malambo.
El primer registro formal del templo en su ubicación actual data de 1678, cuando se estableció como una modesta ermita construida en madera.

Con el paso del tiempo, y ante el deterioro de la estructura, en 1751 se inició la construcción de un nuevo edificio más sólido.
Este proceso contó con el impulso económico del comerciante español Mateo de Izaguirre, quien posteriormente recibió el título de Conde de Santa Ana, además del respaldo del obispo Francisco Javier de Luna Victoria y Castro y aportes de la comunidad.
La Plaza de Santa Ana era un espacio donde se desarrollaban actividades comerciales, sociales y culturales.
A nivel arquitectónico, el templo presenta características propias de la época colonial, con una fachada de tres cuerpos de estilo barroco, una torre con remate piramidal y un interior dividido en tres naves sostenidas por pilares de madera.
Después de un incendio en 1854, fue reconstruida y sometida a diversas remodelaciones a lo largo del siglo XX, lo que definió su apariencia actual.
Más allá de su estructura, la iglesia guarda elementos distintivos, como su púlpito original, uno de los pocos que se conservan en el área, así como detalles en mármol y mobiliario elaborado en madera.
También se ha señalado la existencia de una bóveda bajo el altar, asociada a antiguos relatos históricos.

Esta iglesia forma parte del conjunto histórico que fue incluido en la lista de Patrimonio Mundial.
A lo largo de su historia, este templo ha sido testigo de movimientos sociales y transformaciones urbanas, consolidándose como el centro religioso del barrio de Santa Ana.
En la actualidad, continúa siendo parte de tradiciones religiosas como el recorrido de las siete iglesias durante la Semana Santa, manteniendo viva su relevancia dentro de la vida espiritual y cultural de la ciudad.
Datos de la iglesia:
1751: Reconstrucción financiada por el Conde de Santa Ana
1764: Consagración de la Iglesia
1980: Declarada monumento nacional


