En medio del Casco Antiguo de Panamá se levanta la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, un templo que no solo destaca por su arquitectura, sino por una historia marcada por ataques piratas, traslados y tradiciones que siguen vivas hasta hoy.
Su origen se remonta a Panamá Viejo. El 28 de enero de 1671, la ciudad fue devastada durante el ataque liderado por el galés Henry Morgan.
Sin embargo, el convento mercedario logró mantenerse en pie. Su ubicación, fuera del núcleo más afectado por el incendio, y su buen estado estructural hicieron que no fuera destruido.
De hecho, el propio Morgan utilizó el edificio como cuartel general e incluso como prisión improvisada durante varias semanas.

Tras este episodio, la ciudad fue trasladada el 21 de enero de 1673 a una nueva ubicación más segura: la actual península del Casco Antiguo.
En ese proceso, el conjunto mercedario también se reubicó frente a la entrada de la ciudad amurallada.
A partir de 1720, comenzó la construcción del templo en mampostería, reutilizando materiales del edificio original.
Este traslado le dio un rasgo único: la iglesia es conocida como “la de las dos ciudades”, ya que conserva elementos tanto de Panamá Viejo como de la nueva urbe.

Entre ellos destaca su fachada barroca, trasladada piedra por piedra y considerada uno de sus mayores atractivos.
En su interior, el templo presenta una estructura de tres naves y espacios que reflejan su evolución.
Cuenta con dos capillas, una de ellas utilizada como mausoleo.
Además, una de sus capillas laterales fue escenario de la misa con la que se inauguró la nueva ciudad en 1673.
Otro de sus elementos distintivos son sus campanas, cada una con nombre propio: Nuestra Señora de la Merced, San Serapio, San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato.
A esto se suman detalles como sus columnas de madera, su techo colonial original y un museo que conserva documentos y objetos religiosos.
Este museo, inaugurado en 2019, reúne más de 100 piezas históricas, incluyendo registros de bautizos, matrimonios y defunciones, tanto de figuras destacadas como de ciudadanos de la época.
Más allá de su estructura, el templo también es protagonista de la vida religiosa actual.
Desde 2017, iniciativas locales han impulsado la recuperación de tradiciones, incluyendo la conformación de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte.
Durante la Semana Santa, el Casco Antiguo se transforma en escenario de procesiones que recorren sus calles, combinando devoción, arte y tradición en una de las celebraciones más representativas del país.
Datos importantes de la Iglesia:
1656: Se le asigna el espacio para la construcción frente a la entrada de la ciudad.
1720: Inicia construcción de la mampostería del templo.
1861: Expropiación de bienes de la iglesia
1956: Declarada monumento nacional



