La magia navideña volvió a sentirse fuerte gracias a una historia que nació de la inocencia más pura. Todo empezó cuando una niña, con total timidez y un papel manila en la mano, se acercó para entregar lo que ella llamó su carta para Santa. No era un papel decorado ni llevaba dibujos brillantes; era simplemente su letra sincera contándole al viejo barbudo que se había portado bien, que había sido cuadro de honor y que solo deseaba un regalo. Nada más. Nada menos.
El alcalde Mayer Mizrachi, quien recibió la cartita, al ver el contenido quedó conmovido. La forma en que la pequeña Adarlenes Danielis Alonso González habló de su esfuerzo en la escuela y su ilusión por la Navidad tocó fibras profundas. Era imposible ignorar un gesto tan genuino. Así que el jefe de la comuna capitalina decidió no dejar pasar la oportunidad de hacer algo especial.
Ese mismo día, “Santa” recibió la carta. Y con la misma rapidez con la que se mueven los duendes en diciembre, se preparó una sorpresa en silencio. Al día siguiente, cuando el alcalde regresó al lugar donde vio por primera vez a la pequeña, llegó con un paquete que desbordaba ternura: una carta personalizada firmada por el propio Santa, un regalo escogido con cariño y hasta una tarjeta de regalo para la mamá de la niña. Un detalle sencillo, pero cargado de afecto y simbolismo y que llegó justo el día del cumpleaños de Adarlenes.
La reacción de la pequeña lo dijo todo. Sus ojos brillaron como luces de árbol recién encendido. Su sonrisa, franca y limpia, contagió a todos los presentes, quienes contagiados de la emoción de la pequeña no dudaron en cantarle el feliz cumpleaños.
Así, lo que empezó como un simple papel manila terminó convirtiéndose en un momento inolvidable para una familia colonense. Y aunque Santa tiene fama de llenar trineos enteros, esta vez un solo regalo bastó para iluminar una Navidad entera.



