Con el regreso a clases, no solo vuelven los uniformes y las mochilas nuevas. También reaparece un viejo visitante de los salones: los piojos. La dermatóloga panameña Jaselyn Ramos explica por qué esta infestación es tan común en temporada escolar y cómo enfrentarla sin alarmas innecesarias.
Los piojos, aclara la especialista, son pequeños insectos que se alimentan de la sangre humana y viven principalmente en el cuero cabelludo. “No tienen alas, no saltan, no vuelan. Se transmiten por contacto directo”, enfatiza, desmontando uno de los mitos más repetidos.
¿Por qué aumentan al iniciar clases?
El entorno escolar crea el escenario perfecto para su propagación. Los niños comparten pupitres, juegan juntos y, en muchos casos, intercambian objetos personales como cintillos, cepillos, sombreros o accesorios para el cabello. Estos objetos, conocidos como fómites, pueden facilitar el contagio.
“Basta que un niño esté infectado para que otros, por cercanía, también se contagien”, advierte Ramos. No existe un factor biológico que haga a unos más propensos que otros: el piojo no discrimina por tipo de cabello, etnia o edad. El riesgo depende más del entorno y la convivencia.
Jaselyn Ramos, dermatóloga.
“La escuela debe informar si hay piojos, pero sin generar alarmas innecesarias”.
Mi Diario/ Jaselyn Ramos, dermatóloga.Señales de alerta y tratamiento
El primer síntoma suele ser la picazón intensa, especialmente durante la noche. En la mayoría de los casos, los padres recurren primero a champús y cremas disponibles en farmacias sin receta. Según la dermatóloga, esto es válido como primera medida. Sin embargo, recalca la importancia de repetir el tratamiento entre siete y diez días después, ya que estos productos eliminan al parásito adulto, pero no siempre a los huevos.
El ciclo completo puede extenderse hasta un mes o mes y medio, debido al tiempo que tardan las liendres en eclosionar. Además del tratamiento tópico u oral, es clave el uso de la liendrera y la limpieza del entorno: lavar fundas, cepillos y sombreros con agua caliente, y aislar peluches en bolsas cerradas por al menos dos semanas.
Ramos insiste en que no es necesario cortar el cabello ni recurrir a remedios caseros sin respaldo científico. Tampoco se debe aislar al niño ni generar alarmas exageradas en la escuela.
Remedios de las abuelas
Aceite de oliva o de coco
Mayonesa
Vinagre (especialmente de manzana)
Aceite de árbol de té y otros aceites esenciales
Vaselina o mantequilla



