Con una mañana marcada por el protocolo, la tensión política y mensajes sin rodeos, este viernes 2 de enero quedó instalada la segunda legislatura del segundo período de sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional, escenario donde el presidente José Raúl Mulino presentó su informe al país tras 18 meses de gestión.
Desde temprano, el Palacio Justo Arosemena recibió a diputados, ministros, viceministros y directores de entidades, mientras la Policía Nacional activaba un dispositivo especial de seguridad. Afuera, un grupo de personas lanzaba consignas. Dentro, la formalidad avanzaba entre izada de bandera, invocación religiosa y la llegada del mandatario junto a su esposa, Maricel Cohen.
Al tomar la palabra, Mulino dejó claro el tono de su mensaje: “poner orden donde había caos” y “reglas donde había privilegios”.
De inmediato fijó posición: “No venimos a administrar el desorden ni a convivir con él”. Más adelante, resumió su gestión como “intensos y exigentes” y aseguró que Panamá “no solo está creciendo, se está saneando”, aunque advirtió que “la economía y la seguridad fueron descuidadas”, señalando que el Órgano Judicial ha permitido que “sicarios y narcotraficantes permanezcan en libertad bajo condiciones cuestionables”.
Desde el hemiciclo estructuró su balance en cuatro ejes. El primero fue la migración por el Darién, que describió como “el campo de concentración del siglo XXI”.
Según el mandatario, ese episodio “es un hecho superado”, tras una reducción del flujo migratorio de más de 98% y luego precisó que se alcanzó el 99%. “Confío en que nunca más se repita este desastre humanitario”.
Como segundo eje destacó la restitución de la reputación internacional de Panamá y la salida del país de las listas de alto riesgo de la Unión Europea. A ello sumó la política exterior frente a Venezuela, defendiendo la participación de Panamá como “crucial” en la defensa de la democracia tras las elecciones del 28 de julio de 2024.
Sobre el Canal fue categórico: “El Canal seguirá siendo panameño”, afirmación que se dio en medio de tensiones diplomáticas con el gobierno de Estados Unidos y que, según explicó, “se fue recomponiendo con pulso e inteligencia diplomática”.
En economía recordó que la deuda pública aumentó en más de 22 mil millones de dólares entre 2019 y 2024. “Con eso se pudieron haber construido 48 hospitales del Niño que no se hicieron… y las obras que se iniciaron las dejaron paralizadas”, sostuvo. Agregó que ahora se vive una etapa de “disciplina fiscal”, y que su administración “empezó a limpiar la mesa con trapos limpios, hablando con la verdad”, remarcando: “Miramos el futuro con optimismo responsable”.
Anunció además: “Vamos a la unificación del sistema de salud”, en referencia a la CSS y el Minsa. Sobre sus viajes al exterior fue directo: “No necesito ser presidente para viajar… he viajado a Japón por más de 30 años”.
En el plano político respondió a las críticas con una frase que marcó el ambiente del pleno: Panamá “merece más debate de altura y menos bochinche”, y cerró ese bloque con un mensaje personal: “Estoy hecho de una madera dura, de madera chiricana”.
Finalmente, en materia de seguridad, cuestionó las flexibilidades frente al crimen organizado y advirtió que esa permisividad ha debilitado la respuesta del Estado.
En medio de su intervención, cuando habló de los programas sociales y del trabajo de su esposa, la Primera Dama de Panamá Maricel Cohen de Mulino rompió en llanto.
La jornada cerró así la instalación de la nueva legislatura, con un informe cargado de definiciones políticas y mensajes que buscan marcar el rumbo del país para los próximos meses.


