El dolor embarga a la familia de Julio César Huerta, trabajador nicaragüense de 51 años, quien perdió la vida en el incendio registrado la tarde de este miércoles 26 de marzo, alrededor de las 2:30 p.m., en una galera de venta de artículos automotrices ubicada en Río Abajo, calle 11 y media.
El siniestro no solo dejó pérdidas materiales, sino que también colapsó las calles cercanas y requirió el despliegue de más de 50 unidades del Cuerpo de Bomberos, junto a seis vehículos de extinción que trabajaron intensamente para controlar las llamas.
ESCOMBROS DEL INCENDIO DE RÍO ABAJO.Su esposa, Ana Mercedes Fernández, llegó al sitio y, entre lágrimas, compartió con el noticiero de Telemetro Reporta el doloroso recuerdo de sus últimas conversaciones, dejando ver la cercanía y el amor que marcaron sus más de 30 años juntos.
Un adiós que quedó en palabras
Contó que hablaron apenas un día antes de la tragedia, en una llamada como tantas otras, sin imaginar que sería la última.
“Mi amor, no les mandes dinero a las chiquillas esta quincena, yo les voy a mandar”, fueron parte de las palabras que él le dijo, refiriéndose a sus dos hijas.
Ella aceptó y continuaron conversando con normalidad. Antes de despedirse, él le prometió que la llamaría al día siguiente. Pero esa llamada nunca llegó.
Sueños que quedaron en el aire
La familia tenía planes de reencontrarse después de Semana Santa. Según relató, primero traerían a su hija mayor a Panamá, quien tiene dificultades para hablar y escuchar, y luego a la menor.
Ana Mercedes Fernández, esposa de fallecido.
“Todo se quedó en el aire… me ha dejado solita”
En medio del duelo, familiares permanecieron durante horas a la espera del levantamiento del cuerpo por parte del Ministerio Público, lo que aumentó la angustia en un momento ya desgarrador.
Sus seres queridos lo recuerdan como “un buen padre, un buen marido y un excelente trabajador”, destacando que no merecía una muerte en esas circunstancias.
Entre lágrimas, su esposa hizo un pedido conmovedor: no presenciar el momento en que retiren el cuerpo, para conservar en su memoria la mejor imagen del hombre que, asegura, “siempre va a vivir” en su corazón.



