El 3 de enero de 1990, el general Manuel Antonio Noriega se entregó a las fuerzas de Estados Unidos tras la invasión a Panamá, marcando un hito en la historia del país y la política internacional. Como líder de facto, Noriega enfrentó cargos de narcotráfico, corrupción y violaciones a los derechos humanos. Fue condenado inicialmente a 40 años de prisión, pero su sentencia se redujo a 17 años por buen comportamiento.
Treinta y seis años después, el 3 de enero de 2026, la historia parece repetirse, pero esta vez con un giro dramático en Venezuela. El presidente Nicolás Maduro fue capturado en una operación ejecutada por la Administración para el Control de Drogas (DEA), con apoyo de la unidad de élite Delta Force. Maduro, señalado por Estados Unidos como uno de los principales responsables de la crisis en Venezuela, fue detenido por narcotráfico y violaciones a los derechos humanos.
Lo que hizo este evento aún más notable fue el mensaje viral de Donald Trump, quien afirmó en redes sociales: “Tenemos a Maduro y a su esposa”. La Casa Blanca rápidamente confirmó la noticia, lo que abrió un nuevo capítulo en la historia política de Venezuela.
Ambos eventos reflejan un punto de inflexión en las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos. Mientras que Noriega fue entregado tras la invasión de Panamá, la detención de Maduro se dio en el marco de una operación internacional, con implicaciones geopolíticas significativas para América Latina.



